«Blade Runner», de Ridley Scott (la crítica de ABC en 1983)

Entonces nuestro crítico de cine decía que era "una película irregular"

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El cine, como «imagen de la realidad» que es en su esencia, ha jugado, desde Melles, a mostrarnos más de una vez el futuro. Futuro imperfecto, como aviso de nuestras imperfecciones actuales, o futuro esperanzador, como afirmación de esa esperanza.

El futuro que nos muestra Ridley Scott, con la ayuda inapreciable de la fotografía –claroscuros inteligentemente situados, iluminaciones con aire fantasmagórico– y de los efectos especiales, es un futuro posible, degradado por la masificación y la promiscuidad.

La historia de Deckart tiene, como fondo de su persecución de los «replicantes», un problema metafísico: el de la auténtica esencia del hombre. El problema que se enuncia a base de tres preguntas absolutas: ¿Quién soy, de dónde vengo, adónde voy? No hay suficiente profundización ni, por lo tanto, una respuesta concreta al intento de Batty, y de los otros tres «pellejudos», para encontrar a Tyrell, a su «padre», a su «dios», y obtener de él una prórroga de vida.

«Blade Runner» es una película irregular, con momentos inspiradísimos, plásticamente logrados, con una realización a veces fascinante y una atmósfera lúgubre y brillante a la vez. Una obra llena de sugerencias, donde hay, además, un buen reparto liderado por Harrison Ford.

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