«Atómica» (***): La espía que surgió del frío

Después de «Wonder Woman», y de la desperdiciada «The Love Witch», nos llega esta Charlize Theron, menos apabullante físicamente que Gal Gardot pero mejor actriz

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Es un buen año de estrenos con mujeres duras. Después de «Wonder Woman», y de la desperdiciada «The Love Witch», nos llega esta Charlize Theron, menos apabullante físicamente que Gal Gardot pero mejor actriz aunque aquí, por exigencias de guión, sólo juegue el palo de una mirada gélida y una expresión de perpetua jugadora de mus. Para luego, eso sí, levantar una pierna y, en vez de quitarle el sombrero al mirón de primera fila como hacían las bailarinas exóticas, quitarle el resuello o la vida misma a un agente soviético que se le venía encima.

Lorraine Broughton es una espía y, como en aquella memorable novela de Le Carré (y estupenda película con Richard Burton), surge literalmente del frío: amanece completamente desnuda en una bañera llena de cubitos de hielo, un par de los cuales recoge al salir para arrojarlos en un vaso de vodka «Stoli» que se echa al coleto, sin agitar ni remover. Estamos en los últimos coletazos de la guerra fría; el Muro de Berlín está a punto de caer y por ambos lados del mismo se apresuran espías y dobles agentes, pululan civiles que quieren exiliarse, circulan secretos y macguffins. Ya saben, toda la gustosa parafernalia de un género adorado que uno no degustaba desde la última temporada de «The Americans», ese pedazo de serie.

Si les gustan este tipo de relatos de espías, disfrutarán con una película que sabe recuperar en su diseño de producción ese aspecto sórdido de colores terrosos que asociamos con ellos; y actores como John Goodman o Toby Jones, entre otros, podrían haber salido de la memorable «La carta del Kremlin». Bien entendido que el director David Leitch se debe a los tiempos que corren (y al listón que dejó en su anterior «John Wick») y hace que las persecuciones y peleas tiendan a ser realistas pero interminables, al estilo Bourne, ya saben. Pero eso produce la mejor secuencia de la función, filmada al parecer (pero cuesta darse cuenta, con la lluvia de yoyas) en un plano secuencia de 20 minutos. Es un «breve» desencuentro en piso, rellano, descansillo y escalera entre super Lorraine y un puñado de agentes de la Stasi. Y sirve para reafirmarse en que, después de su Furiosa de «Mad Max», Charlize es una genuina estrella del cine de acción.

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