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Cierra Embassy: adiós al mítico salón de té de La Castellana tras 86 años de historia

La clausura del local de la Castellana, que dejará de abrir sus puertas a finales de mes, podría traducirse en más de 50 despidos

Fachada del local Embassy, en Paseo de la Castellana, 12
Fachada del local Embassy, en Paseo de la Castellana, 12 - EMBASSY

El salón de té con más solera de Madrid cerrará sus puertas poniendo fin a más de 86 años de historia. Se trata de Embassy, un establecimiento ubicado en el número 12 del Paseo de la Castellana y punto de encuentro habitual entre políticos y empresarios de las altas esferas de la capital.

Según han confirmado los propios empleados de Embassy a ABC, el cierre de este local se producirá de forma inminente: puede tener lugar entre finales del mes de marzo e incluso el proceso podría dilatarse hasta primeros de mayo. Al parecer, detrás de esta noticia, que ha pillado por sorpresa a los madrileños, podría estar la venta del inmueble.

Los empleados han recibido la noticia recientemente y la clausura del salón de té más emblemático del centro de Madrid se traduciría en una cifra de despidos que aún tiene que concretar la empresa pero que podría rondar los 58. En este cómputo global habría que incluir tanto al personal que está de cara al público en cafetería, como a aquellos profesionales que trabajan en dependencias privadas, como el obrador.

Pese al cierre del salón de té de Castellana, Embassy continuará ofreciendo servicio en sus otros tres locales: el situado en la calle Potosí de la capital, el establecimiento de La Moraleja y el de Aravaca. En las próximas horas se espera un comunicado de la empresa facilitando toda la información, después de que haya agradecido las muestras de cariño recibidas por los más fieles en las redes sociales.

Historia de la capital

La confitería, fundada en 1931 por Margarita Kearney Taylor, recibió el nombre de «Embassy» por su proximidad con varias embajadas. Así lo explican Marco y Peter Besas en su libro «Madrid Oculto 2» (Ediciones La Librería. 2010). Estaba especialmente cerca de la británica y la alemana. Su propietaria quiso, desde el principio, darle la elegancia propia de los barrios londinenses más acomodados.

Además de ser uno de los rincones más sofisticados de la capital, su sotano esconde una historia de solidaridad internacional. Durante la Segunda Guerra Mundial cobijó a miles de indocumentados judíos que recibían atención, comida y algo de dinero. Se calcula que la embajada británica gastó más de 1.000 libras al día para acometer tal empresa, que eventualmente fue interrumpida por varios cierres del local.

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