Entrevista

Paco del Pozo: «Ser un cantaor de Madrid es un orgullo pero no un privilegio»

El madrileño presenta «En este momento» en el Fernán Gómez tras catorce años de silencio discográfico

MADRIDActualizado:

Con vaqueros gastados, zapatillas y camiseta llega puntual a su cita de los martes con los alumnos del Conservatorio Profesional de Arturo Soria. Los sinsabores de la música han borrado en Paco del Pozo cualquier huella de divismo. Para muchos aficionados es el cantaor madrileño más importante de los últimos años, toda vez que a Diego El Cigala no es fácil de ubicar. El sábado presenta «En este momento» en el Festival Flamenco Madrid con todas las entradas vendidas desde hace días. «Se llama así por mi amigo Félix Grande que me decía «tienes que grabar. Es probable que consigas cantar mejor, pero como cantas en este momento no vas a volver a cantar». Se me quedó grabado. Después, el nacimiento de mi hija Martina lo encendió todo. Hasta entonces sentía que no tenía nada que contar», se sincera.

Los esfuerzos le han lucido poco a Paco del Pozo. Ni la consecución de la Lámpara Minera que consagró a otros compañeros como Miguel Poveda o Mayte Martín; ni el lanzamiento en 2003 de su primer disco, ni la banda sonora de la película El Discípulo que realizó con música de Daniel Casares y letra de Félix Grande... Todo han sido éxitos efímeros. Ahora, este cantaor que eligió el camino de la ortodoxia presenta uno de los discos más flamencos y más profundos de los últimos años, en el que participan guitarristas como Manolo Franco, Juan Ramón Caro, Antonio Carrión o José María Gallardo del Rey. Un disco autoproducido en el que se presenta con una voz diferente y una rabia nueva.

«Cuando me puse a grabar sabía que nadie iba a venir a salvarme. Le dije a Paco Vidal (guitarrista y productor) si se subía al barco y empezamos a hacer lo que queríamos. No teníamos nada que demostrar porque es un trabajo sin pretensiones comerciales. Un disco para mi y para que el aficionado viese en qué momento estaba. Y sí, la rabia está y no es necesario que se exprese a gritos, puede demostrarse con un giro llorado. Hay mucha emoción en todos los sentidos y la rabia es una emoción», sentencia.

Su labor docente tiene mucho que ver en su nueva impronta marchenera. «Esa velocidad que tengo ahora es porque cuando explico en las clases paso los tercios rápidos hasta llegar al núcleo donde quiero. Y encima cantando en falsete por el que el 90 por ciento del alumnado son cantaoras y tengo que adaptarme a sus tonos», confirma. Pero no solo ese cante pasa por Marchena, del que reconoce haberse enamorado hace poco tiempo, una vez que se dieron dos circunstancias: «me sentí identificado emocionalmente con él y además tenía las herramientas para poder plasmar su estilo. También me pasó con los fandangos del disco que son de la época de la Ópera Flamenca. Un fandango de Corruco antes no se me hubiese ocurrido grabarlo».

En este momento encierra cante grande por malagueñas, cabales o guajiras que se hace monumento con una soleá de Triana que hace años bajó a buscar a Sevilla para escuchársela al maestro Márquez El Zapatero. Para Paco del Pozo «el cante más completo que existe es la soleá. Cuando escucho a un cantaor o cantaora por ahí creo saber si hace bien el resto de cantes o no. Mis ídolos siempre han sido buenos cantaores soleaeros como José de la Tomasa, Canela de San Roque o Fernando Terremoto».

Enamorado del flamenco

Paco del Pozo
Paco del Pozo- ABC

«Todavía tengo en mi cama el hoyo que me dejó/ las horquillas de su pelo y el peine que lo peinó», canta en ese rotundo cante, un ejemplo de que la poesía flamenca es ingrediente indisoluble de su propuesta artística. «La gente se piensa que soy un estudioso y nada más lejos de la realidad. Soy un cantaor enamorado del flamenco. El cuidado de las letras tiene que ver con la emoción y si yo no me he emocionado con una ellas es difícil que pueda emocionar a nadie. Letras tan manidas como canta mucha gente, a mi no me satisfacen», explica.

Paco del Pozo está convencido que su momento ha llegado y que su caso, el de los cantaores que rompen tardíamente, es algo que va con los tiempos. «Hay una hornada brutal de cantaores en torno a los 40. Unos se han desarrollado en las peñas y en mi caso, como en Madrid no hay tantas, ha sido el premio de la Unión el que me ha permitido medio codearme con los grandes. Ahora percibo que ha llegado mi hora al escuchar como habla la gente hablar de mi disco. Han entendido lo que he querido decir», asegura. Para él «ser de Madrid es un orgullo pero no un privilegio. Por ser de aquí no tienes ayudas como por ser de otros lugares más pequeños. Pero lo entiendo porque aquí está todo el mundo».

En el Festival Suma flamenca de hace un par de años el cantaor presentó «Entrar cantando en Madrid», un espectáculo basado en una investigación sobre los cantaores de Madrid. Para él – que lleva siete años sin anunciarse en Andalucía- las dificultades de estos artistas madrileños apuntaban una tendencia que persiste. “Angelillo, el más conocido de ellos, se tuvo que marchar fuera para triunfar. Chata de Vicálvaro parece que era un hombre acomodado que no tenía problemas de dinero y que era un bestia cantando. Solo grabó un disco y lo hizo con Ramón Montoya. Ahí es nada. El Chato de Las Ventas era un excelentísimo cantaor que tuvo que hacer parodias. Grabó una soleá con Sabicas, nada menos, y en medio hacía chistes y gargajeba. Parece que era su rol porque como cantaor, a lo mejor, no le daban la bola necesaria”, concluye.