23 de febrero

Camerinos «Ad hoc»

ANA UREÑA

Los diseñadores de Cibeles se asientan cada vez más en el «backstage» para ofrecernos un espectáculo único de diseño y creatividad, a veces incluso más divertido que los mismos desfiles.

Camerinos «Ad hoc»

Diane von Furstenberg, Dior, John Galliano, Roberto Cavalli y Moschino... no desfilaron ayer en Cibeles, pero como si lo hubiesen hecho. La que sí desfiló fue Elisa Palomino, que puede presumir de llevar todas estas firmas en su currículum. Recién llegada de Milán se instaló en el «backstage» de Cibeles y convirtió su camerino en lo que parecía un set de «Madame Butterfly». No lo decimos por las prendas de inspiración oriental  que colgaban en los percheros, lo decimos porque recreó un pequeño rincón japonés con telas de seda de kimonos, cojines y tenderete al estilo jaima «made in Japan». Faltaban los Ninjas. 

Juana Martín también le quiso dar un toque personal a su camerino. Y es que debe ser el único de Cibeles con photocall incluido. Nos encanta la idea. Su logradísima colección se basa en los siete pecados capitales y cada uno está representado por un tejido distinto. La lana blanca es la pereza; las plumas, el orgullo; los acolchados con volumen, la gula; el rojo, la ira; las transparencias, la lujuria; los paillettes, la envidia y los tules, la soberbia. 

En el camerino de Teresa Helbig nos cruzamos con un cámara que seguía a la diseñadora en todo momento, estilo «reality show» y a petición de ella. Después supimos que se trata de un «making of» que están grabando para su web. 

En el «backstage» de Nicolás Vaudelet no cabía nada de parafernalia, lo llenó todo con su genialidad. La silueta es XXS por arriba y más amplia por abajo. El uso de corsés de cuero ayuda a entallar la figura, a la vez que las sisas de las chaquetas, que adelanta a conciencia, dan la impresión de ser una talla menos. Se combinan con pantalones moteros en cuero y jodhpurs de corte masculinos. Bajo las faldas, usa polisones para lograr la estética «trasero respingón» de «la belle époque». 

A destacar de este diseñador francés afincado en Sevilla: su gran atención al detalle. Todo está meditado. Desde los forros rojos de los pantalones masculinos hasta los acabados, pasando por los botones oxidados de los abrigos de borrego estilo militar prusiano. El proceso de oxidación de los botones y también el de las tiaras que lucían sus «princesas guerreras» tienen toda una historia detrás que merece una mención. El mismo Vaudelet se acercó a una antigua droguería de Chueca, donde pidió ácido nítrico a un «alquimista loco con bata blanca retro de farmacéutico». De ahí, fue a su casa,donde elaboró una solución de hierro y otra de cobre y procedió a mezclarlo todo en su terraza para después bañar los botones y las coronas. 

Una de las imágenes más potentes: un vestido largo negro en «crepe de luto», más corona de «atrezzo». «Es la mala de Walt Disney» dijo el diseñador. Más quisiera la reina mala de Blancanieves ir vestida de Vaudelet.

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