Isabel San Sebastián

Vuelve la «borroka» impune

¿Consentiría el juez Moreno el «tiro al facha» si dispararan a Mahoma o a su señora madre?

Isabel San Sebastián
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«Los chicos de la gasolina». Así denominaba Arzalluz a los cachorros de ETA especializados en terrorismo urbano, con benevolencia de padre afable dispuesto a perdonar, comprensivo, los excesos de la juventud. Y de un modo parecido, aunque sin necesidad de palabras, considera la alcaldesa Colau a los vándalos de Arran que campan a sus anchas en la ciudad de Barcelona, hoy atacando una sede del PP, mañana boicoteando un mitin de Albert Rivera, pasado pinchando las ruedas de un autobús turístico con el consiguiente susto mortal para los viajeros que iban en él. Colau, Puigdemont y, aparentemente, también Rajoy, puesto que nadie hace nada útil para poner fin inmediato a los desmanes de esa canalla.

España es un «déjà vu» que nos retrotrae a tiempos oscuros. En Cataluña y Baleares los antisistema, aliados ocasionales de los separatistas empeñados en destruir los cimientos que sostienen a esta nación, la emprenden contra el turismo, fuente de riqueza irremplazable. ¿Qué les importan a ellos la imagen internacional de nuestro país o los empleos derivados de una industria esencial para el PIB de esas regiones? Ellos viven del Presupuesto, del cuento o de papá y mamá. Su «trabajo» es hacer pintadas, «okupar», exigir, parasitar. No saben, nunca han sabido, lo que significa dar un palo al agua, arrimar el hombro, esforzarse, ganarse el pan. Son hijos de esta época tan pródiga en derechos como ayuna de deberes y actúan como lo hacen sencillamente porque pueden. Porque nadie se lo impide. Porque son conscientes de ser impunes y apuran hasta las heces esa impunidad escandalosa. Les sale gratis total.

Mientras tanto, en Echarri Aranaz (Navarra), las crías de la serpiente presuntamente derrotada se mofan de aquellos a quienes sus mayores asesinaron por la espalda, de la Guardia Civil que les plantó cara, de la prensa decente y de las más altas instituciones del Estado, con ese bonito «tiro al facha» bendecido por el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, como una expresión de libertad. ¡Curioso concepto de la libertad, vive Dios! ¿Dictaminaría de igual modo Su Señoría si esas piedras y esos huevos fuesen lanzados contra las figuras de un inmigrante, un homosexual, el profeta Mahoma o su señora madre? Me cuesta pensar que sí y tengo para mí que aquí la barra libre funciona únicamente cuando se trata de ciertos colectivos caracterizados por su infinita tolerancia a la ofensa, entre los que destacan de forma notoria Benemérita y víctimas del terrorismo, que en muchos casos, demasiados, vienen a ser y representar lo mismo. ¡Menos mal que oficialmente los demócratas vencimos en la batalla librada contra el terror! No quiero ni pensar lo que sería de nosotros si en lugar de ganar, perdemos...

Vuelve por sus fueros la «borroka», vuelve a imperar la cobardía y vuelve a regir la costumbre de mirar hacia otro lado y fingir que no pasa nada. Desde su torre de marfil monclovita, temporalmente trasladada a Galicia, nuestro presidente Pangloss contempla el mejor de los mundos, esperando que la buena marcha de la economía nos impida ver la amenaza que se cierne sobre la integridad nacional así como las humillaciones, violencia e infamia que la acompañan. Confiando en que desde el chiringuito, con un vino o una caña en la mano, nos olvidemos del desafío rupturista catalán, la corrupción o el «tiro al facha». El CIS le acaba de recordar que tenemos ojos, aunque bien podamos salir del fuego para caer de lleno en las brasas. No sería la primera vez.

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