Editorial ABC

La victoria más áspera de Merkel

A pesar de ganar por cuarta vez, a la canciller le queda un panorama en el que va a necesitar de todos sus recursos políticos para mantener la estabilidad y el rumbo de su gestión

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Los resultados de las elecciones celebradas ayer en Alemania confirman la esperada victoria de la canciller democristiana Angela Merkel, pero le dejan un panorama en el que va a necesitar de todos sus recursos políticos para mantener la estabilidad y el rumbo de su gestión. La entrada en el Bundestag de los demagogos de ultraderecha, los nacional-populistas de Alternativa para Alemania (AfD), es la principal novedad, no precisamente agradable, para la próxima legislatura, lo que sin duda tendrá una gran influencia en la vida política en Berlín y por consecuencia en toda Europa. Las corrientes extremistas recorren la UE como un sarpullido antisistema y está visto que por ahora la única terapia conocida es intentar limitar su capacidad de acción. Después de haber visto con alivio que no se cumplían las previsiones más agoreras en Francia o en Holanda, ahora es el turno de Alemania, donde se han convertido en la tercera fuerza. Lejos del poder, pero con capacidad para influir y como un recordatorio para Merkel de por dónde se le han escapado los votos hacia la extrema derecha.

En todo caso, otra importante constatación de los resultados es que la fórmula de gran coalición ha hecho perder votos tanto a los democristianos como a los socialdemócratas, lo que podría interpretarse como una señal de que los electores prefieren otra combinación para encontrar una mayoría. De hecho, si se repitiese esta alianza ya ni siquiera sería tan «grande» porque entre los dos partidos han perdido más de cincuenta escaños. Y por otro lado, en este caso AfD se convertiría en la única fuerza claramente de oposición y podría acabar convirtiéndose en alternativa de poder, que es una perspectiva que no interesa a nadie.

Para el centro-izquierda, el experimento de llevar a la política nacional a una figura tan relevante en Europa como Martin Schulz, no ha dado los frutos esperados y los socialdemócratas deben emprender otra reflexión sobre su futuro y el de las ideas que defienden. El socialismo se enfrenta a un cataclismo de dimensiones continentales: en ningún país (España, Francia, Italia, Gran Bretaña...) recibe buenas noticias, más aún en casi todos descubre suelo electoral.

Aprovechando que han vuelto a lograr un resultado que les permite tener representación parlamentaria, Merkel puede explorar una nueva coalición con los liberales, que es una fórmula históricamente muy bien aceptada, aunque en este caso necesitaría sumar también a los verdes, que en principio no se oponen a la idea. ¿Cómo conjugar los programas tan variopintos e incluso incompatibles con la recuperación de los electores democristianos? La solución a esta pregunta no será fácil de encontrar, pero no hay más remedio que intentarlo. Hay demasiadas cosas en juego en Alemania y en Europa.