La vergüenza de España

Zapatero es ya un declarado agente del dictador Maduro

Hermann Tertsch
MadridActualizado:

José Luís Rodríguez Zapatero dice no tener dudas de que las elecciones presidenciales de hoy en Venezuela, convocadas, dirigidas, orquestadas y controladas en su recuento por la dictadura criminal de Nicolás Maduro para garantizar la continuidad de Nicolás Maduro son unas elecciones limpias. Y está molesto con la UE, con la OEA, con EE.UU., con la oposición democrática venezolana y con los obispos y presos políticos venezolanos porque «ven estas elecciones con prejuicios». Prejuicios lo llama. Somos muchos españoles los que ante cualquier venezolano nos disculpamos por la profunda vergüenza que suponen las actividades infames de Zapatero en Venezuela. Incluso quienes nunca nos dejamos engañar por este personaje en su devastador paso por la historia de España estamos sobrecogidos por su aventura venezolana. Hasta quienes siempre denunciamos que tras su insufrible ternurismo de palabra no había sino una implacable voluntad por imponer su conveniencia pasando por encima hasta de presos y cadáveres, nos sorprendemos por el cinismo que despliega como agente de los intereses del narcodictador. Estupefactos ante su permanente escalada hacia nuevas cotas de ignominia. Algún día quizás se sepa qué oscuros intereses le compensan a Zapatero el caminar con tanto aplomo por la senda del peor deshonor. Y por qué aun no ha sido desautorizado por el gobierno español.

Frente a Zapatero que ayer ayudaba una vez más al engaño para la perpetuación de la dictadura criminal, frente al criminal Maduro y al triste figurante Henri Falcón, el monigote colaboracionista necesario para esta patética farsa de cartas marcadas, están las figuras de la dignidad nacional. Son las que llaman a quedarse en casa y negar voto y legitimidad a la farsa orquestada para la continuación de este régimen que ha sumido en el hambre, la miseria, el terror y la humillación al país otrora más rico del continente. Hoy, pese a su exuberante riqueza natural, pese a las mayores reservas de petróleo del mundo, es el país más miserable del continente con Haití en peor condición que la esclavizada Cuba, cuyo régimen comunista controla y dirige al pelele de Maduro. Solo el socialismo es capaz de tan inaudito balance que equivale a convertir oro en basura.

El frente de la dignidad lo dirigen lo mejor del país, desde esa gran mujer que es Maria Corina Machado al episcopado, una de las pocas fortunas que quedan a los venezolanos. Una iglesia valiente, eso tan infrecuente en otros lares. El arzobispo de Barquisimeto, Antonio López del Castillo, llama a los cristianos a boicotear las elecciones que califica de «fraudulentas, ilegítimas e inconstitucionales». «No se presten a esta burla, no voten al que les roba». Monseñor pide enfrentarse a la «dictadura criminal». «Todos los que participan son tan traidores como los mismos delincuentes en el poder». Aunque nunca compense el mal causado, sepan los venezolanos que millones de españoles nos unimos hoy a la trinchera de la dignidad y la verdad de Venezuela frente a las mentiras interesadas de la lamentable figura de Zapatero, esa vergüenza de España.

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