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Ustedes son formidables Rosa Belmonte

En España hemos empezado a vivir en un régimen de semilibertad con respecto a las palabras que podemos usar

Si en el viejo anuncio de Licor 43 se declaraba la guerra a la vulgaridad (era la contraseña para entrar a una fiesta), en el Ayuntamiento de Zaragoza (Podemos e IU) se ha declarado la guerra al masculino genérico en los escritos oficiales. A la tata de un amigo mío le preguntó una televisión en la calle por algo relacionado con los hombres y ella contestó muy seria: «El mejor, colgado». Algo así, una fijación con lo malísimo que es lo masculino, es lo que están demostrando todos estos ceporros con el lenguaje (la lenguaja). Dicen que es una reivindicación histórica del colectivo feminista. Señor. Aquí los resultados según la guía de estilo que deberá tenerse en cuenta para redactar los escritos. Los interesados serán las personas interesadas. Los trabajadores, la plantilla. Los profesores, el profesorado. En lugar de «Es responsabilidad de ambos contribuyentes» hay que poner «Es responsabilidad de una y otra contribuyente». En lugar de «Los trabajadores podrán participar», «Usted podrá participar». Vaya, Alberto Oliveras fue un adelantado con su «Ustedes son formidables». La diferencia es que con el programa de radio se recaudaba dinero y con el cambio de impresos se va a gastar a lo loco.

Sepan que hay una Oficina de Transversalización de Género en Zaragoza, adscrita a la concejalía de Educación e Inclusión. Concejalía que dirige Arantza Gracia, que fue quien hizo un llamamiento para recaudar fondos en beneficio del joven que dio un sopapo a Rajoy en Pontevedra. La señora dice que con estas alternativas se conseguirá que los funcionarios sean conscientes en caso de «invisibilizar el género femenino» porque «lo que no se nombra no existe». Si eso fuera verdad, con no nombrar a estas lumbreras políticas… Los escritos oficiales incluirán un tercer género. «Además de masculino y femenino se incluirá la opción otros para aquellas personas que no se sientan identificadas con la opción binaria». La opción binaria, amárrame los pavos (y pavas). Al final, el programa «Mujeres y Hombres y Viceversa» también era una distopía. Se adelantó con su título al disparate de estos seres que nos gobiernan jugando a Tabú.

Hace unos meses, John Waters (si sabrá él y entenderá de transexuales) decía no comprender lo que pasaba con Caitlyn Jenner. No entendía la ultracorrección política que la protegía. Por la misma razón, Jon Stewart soltó irónicamente: «Cuando era hombre podíamos hablar de atletismo o de su perspicacia en los negocios, pero ahora que es mujer sólo podemos hacerlo del aspecto que tiene». Y no podemos dejar de hacerlo. Sería desconsiderado con una mujer de 67 años. Waters tiene claro que Caitlyn es republicana, está (o estaba) en un reality show y es una Kardashian. «¿No podemos reírnos de él o ella?». Ahora en España también hemos empezado a vivir en un régimen de semilibertad con respecto a lo que podemos decir. Con respecto a de qué podemos reírnos.

Cualquier día, alguno de la tribu, si no lo han hecho ya, pide a la RAE que quite del diccionario la locución adverbial «A tontas y a locas». Desbaratadamente, sin orden ni concierto es la definición. Pero los inquisidores del habla serían más de aferrarse al doble sentido y a la mala leche con que la usó Jacinto Benavente al ser invitado a hablar en el Lyceum Club (según Néstor Luján, lo dijo antes el fraile Juan Farfán a unas monjas): «A mí no me gusta hablar a tontas y locas». Me pasa lo mismo con las guardianas del lenguaje. Me voy despidiendo de esta gente con la fórmula de Atwood en la República de Gilead: Que Su Mirada te acompañe.

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