Mariano Rajoy mantiene una reunión con los responsables de seguridad
Mariano Rajoy mantiene una reunión con los responsables de seguridad - AFP
Editorial ABC

Unidad nacional contra el terror

La masacre de las Ramblas ha seguido el mismo patrón que los atentados de Niza, Berlín, Estocolmo y Londres. Una acción terrorista casi imposible de evitar

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España no estaba exenta de la amenaza del terror yihadista. El atentado que ayer causó al menos 13 muertos y un centenar de heridos (algunos muy graves) en el corazón de Barcelona, reivindicado por Daesh, ha sido la trágica demostración de que no es posible garantizar la seguridad absoluta en una sociedad democrática. Los terroristas aprovechan las mismas libertades y derechos de sus víctimas. Viven entre nosotros de manera desapercibida hasta que se retratan como terroristas en potencia. Aun así, es oportuno recordar el alto grado de eficacia que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado acreditan en la lucha contra las redes del terrorismo integrista de Daesh y de Al Qaida. La masacre de las Ramblas ha seguido el mismo patrón que las de Niza, Berlín, Estocolmo y Londres. Es un tipo de acción criminal casi imposible de evitar, por su simplicidad: un asesino alquila un vehículo y arremete contra una multitud. El yihadismo instruye a sus seguidores en este método para que causen el mayor número de víctimas en el menor tiempo posible y culminen su acción criminal con más muertes por apuñalamientos o disparos, incluso con la toma de rehenes para lograr la máxima difusión. Quien busque contextos políticos para explicar este acto salvaje o cuestione el rigor de la lucha antiterrorista del Estado, estará rompiendo la unidad nacional que se precisa para negar al terrorismo su principal objetivo, que es el desistimiento de las democracias y de las sociedades libres.

La rápida reacción policial permitió la detención de dos de los presuntos terroristas. Otro de los yihadistas fue abatido cuando trataba de huir del cerco policial en Sant Just Desvern. También se localizó en la localidad de Vic una segunda furgoneta relacionada con los hechos. El centro de Barcelona fue desalojado inmediatamente gracias a un eficaz despliegue de la policía autonómica. Los comercios refugiaron a los viandantes y los taxistas se brindaron a trasladar gratuitamente a los afectados. Los heridos fueron ingresados en pocos minutos en centros hospitalarios. Las administraciones catalanas constituyeron un gabinete de crisis y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, junto con el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, se desplazaron ayer a Barcelona para intervenir en las labores de coordinación. Esta respuesta diligente de los poderes públicos y de los ciudadanos debe ser correspondida por un consenso entre los partidos políticos, la mayoría de los cuales -PP, PSOE y Ciudadanos- suscribieron un Pacto de Estado contra el terrorismo yihadista que ahora tiene que funcionar como un polo de unidad política. Los que no están, como Podemos, tendrán que explicar su ausencia.

Un atentado de estas características obliga a revisar los planes antiterroristas para saber de qué manera pueden mejorarse. España ya estaba en el mapa terrorista del yihadismo. Daesh había aumentado sus referencias a Al-Andalus, Ceuta y Melilla en los últimos tiempos y también los mensajes en español con amenazas directas a través de las redes sociales. El alto número de grupos yihadistas desarticulados por la Policía en nuestro país ha sido el reflejo no sólo de la eficacia policial, sino también de una intensidad progresiva en la actividad de captación y radicalización desempeñada por las organizaciones terroristas. Nuevamente, resulta imprescindible la colaboración ciudadana, especialmente de las comunidades musulmanas instaladas en España porque tienen que asumir un compromiso de cooperación con las autoridades para erradicar de su seno a los propagadores del odio. El intercambio de información entre los servicios de inteligencia de países aliados debe alcanzar mayores cotas de eficacia, sobre todo en relación con aquellos sujetos que son expulsados de un Estado por sospechas de terrorismo. Ninguno de ellos debe obtener residencia legal en suelo europeo.

Las intervenciones militares contra los grupos yihadistas en Siria, Irak o Mali son imprescindibles para desmantelar sus estructuras de control territorial, financiero y propagandístico. Muchos terroristas de los que han sembrado el terror en Europa se han entrenado en las filas de Daesh. Hay que cortar de raíz esa base logística del terror integrista musulmán.

Trece años median entre el 11 de marzo de 2004 y el 17 de agosto de 2017. Mientras otros países han sufrido en ese tiempo ataques terroristas sucesivos, España convertía su política antiterrorista en un ejemplo para el resto del mundo. Hay que perseverar en la confianza en los cuerpos policiales y en la acción firme del Estado de Derecho, porque esta amenaza durará mucho tiempo y exigirá medidas legales, policiales y militares cada vez más intensas.