Triunfo póstumo de Gregorio Ordóñez

El despertar de la nación lleva al PP a San Sebastián

Hermann Tertsch
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El acto de entrega del Premio Gregorio Ordóñez, en memoria del concejal y líder del PP de San Sebastián asesinado por ETA hace 23 años, tuvo ayer un inmenso éxito de público en la capital guipuzcoana. Los tiempos cambian. Esta ceremonia anual era totalmente ignorada por el PP desde que llegó al Gobierno Mariano Rajoy. Ayer estaba allí media cúpula de ese mismo Gobierno. No es casualidad. Ni siquiera es mero oportunismo por el hecho de que se entregara el premio a Manuel Valls, ex jefe del Gobierno francés, hombre que siempre se ha distinguido por su firmeza frente al terrorismo de ETA y al separatismo antiespañol. Tan atractivo él para una buena foto. Pero estaban allí solo por eso la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal; el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y un sinfín de cargos políticos. Mucha gente. Había allí políticos que han presumido en el pasado de no asistir a este acto, cargos del ya casi extinto PP vasco que abominan del «nacionalismo español» tanto como Otegui, Urkullu, Junqueras o Cebrián.

Es algo más que lo que llevó ayer a homenajear a Gregorio Ordóñez a unos dirigentes del PP que estarían tan lejos del líder asesinado como lo están de los incondicionales asistentes a este acto anual como María San Gil, Jaime Mayor Oreja o José María Aznar, presidente de la Fundación Gregorio Ordóñez. Y es que han pasado muchas cosas. Y hay miedo. Hay miedo a esa nación que se despereza por pura indignación, es decir, por dignidad. Hay miedo a que otros políticos y partidos asuman el legado de integridad y heroísmo que el PP desprecia desde que manda Rajoy. Hay miedo a quedarse sin ningún mensaje creíble.

Los premios Gregorio Ordóñez son un pequeño pero glorioso triunfo de la dignidad en un mar de adversidad. Son un simbólico bastión de la nación española frente al terrorismo y el separatismo en el corazón de San Sebastián. Sin alharacas ni aspavientos, con modestia, discreción, sobriedad y convicción, su viuda Ana Iribar ha convertido con los años este premio en referencia moral con fuerza, emoción y prestigio. Ayer Iribar volvió a emocionar con un memorable discurso en el que exigió a los gobernantes el fin de todo apaciguamiento y diálogo con el terrorismo y separatismo y mayor tensión política para imponer la ley en Cataluña y el País Vasco. También Valls recordó que «se necesitan valores, estado y autoridad para la derrota no solo policial y judicial sino política y cultural» de ETA y el separatismo. Allí presentes, los tanto tiempo ausentes. No es que hayan abandonado su brújula de conveniencia ni que se entusiasmen de repente con la lucha generosa del donostiarra asesinado. Es mucho mejor que eso. Es que el instinto les dice que los valores de Gregorio Ordóñez, la defensa de la nación española y la lucha por la dignidad y la verdad, anuncian su triunfo en la sociedad española.

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