Ignacio Camacho

Tener y no tener

No tener miedo significa luchar como luchan las sociedades libres, con la determinación de defender la libertad

Ignacio Camacho
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Ese cartel, ese eslogan, «no tenemos miedo», es hermoso y necesario, pero lo que quizá no sea es cierto. Porque vaya si tenemos miedo, hasta los héroes lo tienen; otra cosa es que lo sepamos o podamos aguantar. Y va a haber que aguantar más cosas y más sentimientos. Más sufrimiento, más inquietud, más consternación, más desasosiego. Y de momento, unos días al menos, las ganas de discutir y de reprocharnos diferencias, errores, ideas. Por respeto a los muertos, que ya no pueden discutir nada. Por respeto a la nación herida y a la sociedad atacada. Por cohesión civil, que nos hace mucha falta. Porque hay que dejar que a los españoles nos una al menos el dolor cuando tantas cosas nos separan.

El miedo lo tenemos y nadie nos lo va a quitar. La cuestión es que no lo mostremos, aunque eso a ellos les da igual. Nos quieren matar a todos, valientes o cobardes; negros, blancos, cristianos, ateos y hasta musulmanes, que ya Alá cuando lleguen los reconocerá. Lo importante es saber, o aprender, lo que significa no encogerse, no amilanarse, no apocarse: significa luchar. Significa combatir como combaten las sociedades libres, con la determinación democrática de defender la libertad. Significa estar orgullosos de nuestra civilización y resueltos a protegerla; significa ser conscientes de que la bondad, el humanitarismo y la comprensión no erradican por sí solas el mal. Significa coraje para pelear, empeño en resistir, voluntad de ganar.

Si no la tienes, no digas que tampoco tienes miedo. Quizá tengas algo peor: espíritu de resignación, de mansedumbre, de desistimiento. Porque esto funciona de este modo: hay una guerra y o vencemos nosotros o vencen ellos. Tú no vas a luchar, ni yo tampoco; tenemos la ventaja de que existe gente profesional encargada de hacerlo por nosotros. Pero las sociedades abiertas dependen de los estados de ánimo, y esos profesionales necesitan saber que la opinión pública está dispuesta a hacer lo que sea necesario. Sí, ya estamos hablando de política; las leyes son políticas y política es la decisión colectiva de enfrentarse a los terroristas achicándoles el campo o autoinculparnos de remordimientos y de complejos y esperar a que vengan a matarnos.

Ahora acaso no sea el momento de hablarlo. Más que nada por no estropear una de las pocas ocasiones en que la clase dirigente parece a la altura de su liderazgo. Por una vez, ojalá sirva de precedente, se ha comportado sin disonancias ni oportunismos, con el digno protocolo que merece la memoria de los asesinados. Incluso cabría decir que ha reaccionado mejor que el pueblo soberano, ése que desde el jueves anda atizando en whatsapp y en las redes la hoguera cainita de los odios cruzados. Ahora es tiempo de luto, de duelo por las víctimas, de llanto, y lo único honorable que puede hacerse es respetarlo.

Pero sí, hay un debate pendiente. Y no, no va a ser simpático.

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