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De soldados, ideologías y trampas Hermann Tertsch

Se advierte al votante de que todo a la derecha de Merkel es perseguible y perseguido

En todo Estado de Derecho debe darse una condición básica, previa, para que el sistema no sea una farsa y es que sus cuerpos armados no funcionen por directrices ideológicas. Las policías y los ejércitos ideologizados son un monstruoso invento de las ideologías redentoras del siglo XX con las consecuencias terroríficas que todo el que sepa algo de historia conoce. Hay policías tercermundistas ideologizadas y hay ejércitos que aun lo están. Entre estos, el caso más dramático en la actualidad es el del Ejército bolivariano creado por Hugo Chávez con ayuda, por cierto, de asesores españoles, algunos de los cuales hicieron una pequeña fortuna suministrando alfalfa tóxica de la peor especie leninista a los oficiales de aquel país. Para convertirlos en el Ejército más corrupto y pelele de la mafia que dirige aquel régimen. Son asesores conocidos porque en España dan clases de moralidad cuando allí dieron clases para imponer el terror y destruir a las personas críticas. Con ayuda de otros españoles que medran con Caracas, La Habana y la multinacional que une totalitarismo izquierdista, negocio legal y delito que es el Foro de Sao Paulo. El Ejército de Venezuela es su instrumento totalitario e ideologizado.

Lo absolutamente inaudito es que en una democracia un ministro de Defensa acuse a su propio Ejército de estar lastrado por una ideología extremista. Que ponga en duda la profesionalidad de sus oficiales y mandos. Y los acuse de encubrimiento de los extremistas dentro de sus filas. Pues eso es lo que hizo la ministra de Defensa alemana, Ursula van der Leyen. Vertió gravísimas sospechas sobre el Bundeswehr, Ejército federal alemán, antes de desatar en sus filas una caza de nazis que parece de brujas. Que encaja bien con la actitud general del Gobierno de Angela Merkel de movilización retórica contra el supuesto peligro nazi que ven en todo lo que no acepte su política de inmigración y el discurso de la corrección política. Todo comenzó con la detención de un teniente como sospechoso de preparar atentados terroristas. El teniente, un tal Franco. A., ultraderechista, se había inscrito como refugiado sirio. Con lo que quería implicar a refugiados sirios de los atentados que cometiera. Y dejaba en evidencia la ausencia total de garantías con que se registra a los refugiados. El Gobierno, en guerra contra todo el que pretenda ocupar el enorme espacio en la derecha que Merkel ha dejado libre con su permanente deriva hacia la izquierda, parece considerar que la detención del ultra es un buen motivo o pretexto para hacer una purga ideológica en el Ejército federal. Que si ha pecado de algo en misiones internacionales es de pusilanimidad de sus oficiales. Pues el Gobierno y la Prensa en Alemania, que son ya una piña contra todo lo que no les gusta, se han lanzado a buscar cuartel por cuartel la trama de infiltración nazi. Su máximo éxito ha sido retirar una vitrina en un pasillo con unos cascos de la Wehrmacht, el ejército alemán de la II Guerra Mundial. En otro cuartel han encontrado algún objeto más de recuerdos de «militaria». Aunque la ministra ha matizado sus palabras en contra de la oficialidad, el daño está hecho. Al nazismo hay que combatirlo. En el Ejército con sus servicios de información. Pero en Berlín prima la agitación pública antinazi que está de moda. Y la histeria no es inocente. Ante las elecciones federales de septiembre hay que advertir al votante alemán de que todo lo que está a la derecha de Merkel es perseguible y perseguido. Veremos en qué acaba esto. Algunos sospechamos que hay menos ideología en el Ejército alemán que miedo y falta de escrúpulos del Gobierno. En su guerra ideológica, claro.

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