EDITORIAL ABC

Los riesgos de las criptomonedas

La financiación a través de criptodivisas no es una inversión al uso, sino un deporte de alto riesgo. Los reguladores tienen que controlar este sector para evitar males mayores

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La fiebre que registra el mundo de las critodivisas no se ciñe tan solo a la compraventa de monedas digitales, cuyo mayor exponente es el bitcoin, sino que también se extiende al ámbito de la financiación de empresas, especialmente startups relacionadas con la nueva tecnología de cadena de bloques (blockchain), cuyo desarrollo aspira a revolucionar las finanzas. Sin embargo, la falta de regulación y las numerosas incógnitas que aún presentan este mercado y sus diferentes variantes amenazan con desatar una burbuja cuyo estallido podría suponer, sin duda, un riesgo para la estabilidad económica, además de cuantiosas pérdidas para los inversores que hayan confiado en este nicho. El precio del bitcoin se ha multiplicado por 17 en lo que va de año, hasta rozar los 18.000 dólares, y lo mismo sucede con otras muchas monedas virtuales de las más de 1.300 que existen. Habría que retroceder a la burbuja que experimentaron los tulipanes en los Países Bajos durante el siglo XVII para hallar una subida similar.

La euforia ha llegado a tal punto que las criptodivisas también se están empleando como mecanismo de financiación a través de la denominada oferta inicial de moneda (ICO), donde las empresas interesadas emiten unos derechos llamados «tokens» con el fin de captar capital para desarrollar sus proyectos y cuyo precio se paga en moneda digital. Hasta hace seis meses, este sistema era casi anecdótico, pero, desde entonces, ha experimentado un vertiginoso crecimiento del 4.000%, con casi 3.800 millones de dólares acumulados en financiación y una capitalización superior a 22.500 millones en el mercado secundario. Este auge tiene muy poco que ver con la solidez o rentabilidad de los proyectos empresariales que acuden a las ICO en busca de dinero y sí mucho con la ingente especulación que existe en torno a las criptomonedas, ya que los citados «tokens» alcanzan revalorizaciones de hasta el 300% en cuestión de horas, lo cual carece de fundamento alguno, sobre todo si se tiene en cuenta que la mayoría de esos títulos ni siquiera ofrecen un dividendo, tan solo la posibilidad de acceder a los productos o servicios futuros que desarrolle la compañía en cuestión.

El peligro de este tipo de operaciones es evidente. La ausencia de regulación y de filtros previos para verificar la viabilidad de los proyectos hace que en muchos casos las ICO, lejos de ser una herramienta de financiación, no sean más que un mero ejercicio de especulación al calor de las subidas que registran las monedas digitales, cuando no un puro y simple fraude. Si a todo ello se le suma la falta de transparencia y la enorme volatilidad que presenta este mercado, con subidas del 500% y bajadas del 80% en una misma semana, la financiación a través de criptodivisas no es una inversión al uso, sino un deporte de alto riesgo. Los reguladores tienen que controlar y vigilar muy de cerca este sector para evitar males mayores.