Manuela Carmena
Manuela Carmena - EFE
Editorial ABC

Revanchismo por un puñado de votos

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El sectarismo ideológico de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, no tiene límites. Su sentido de la manipulación de la historia y ese revanchismo que corre por las venas del «podemismo» solo conducen a la generación de odio como herramienta electoralista y dañina para la democracia. Homenajear al «chequismo» es guerracivilista y antidemocrático. Es más, es provocativo e irresponsable porque se trata de convertir la mentira en una verdad póstuma y falsaria. Retratar como víctimas del franquismo, y ahora también de la democracia, a auténticos asesinos no forma parte de un revisionismo basado en la justicia histórica, sino en una burda estrategia de adoctrinamiento populista y de fractura social. Contraponer en un estudio financiado por el Ayuntamiento de Madrid la cifra de 273.000 personas procesadas por el franquismo con la ocultación de las más de 9.000 que las checas republicanas asesinaron en 1936 resulta un ejercicio incompleto de análisis de la historia. Sin embargo, parece ser el único argumento que le resta a Carmena para despilfarrar dinero público.

La Transición sirvió, entre otras muchas cosas favorables, para cerrar heridas ideológicas que aún provenían de la Guerra Civil. Reabrirlas por un puñado de votos es absurdo, y el PSOE de Sánchez podría asesorar, por cierto, a Podemos al respecto en la práctica malintencionada y carente de sensibilidad de generar artificiales enfrentamientos ideológicos en la España del siglo XXI. Durante la República, la Guerra Civil y la dictadura se cometieron atroces injusticias en una España rota en dos, y la virtud de la democracia residía en restañar esas grietas. Pero es evidente que la izquierda radical quiere ganar votos a costa de una eterna venganza ideológica. Por suerte, la inmensa mayoría de españoles superó hace mucho ese sectarismo.