De la resistencia, de Tabarnia

No es el liderazgo político lo que les falta a los catalanes de Tabarnia sino el intelectual y el mediático

Edurne Uriarte
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De viaje por Almería esta Semana Santa, me saludaron en un restaurante dos catalanes acompañados de sus hijos. Con muy buen humor y una amplia sonrisa, se presentaron como catalanes de la resistencia. «Somos de la resistencia, de Tabarnia», me dijeron. Lo que me hizo pensar en lo mucho que se ha avanzado en la defensa del españolismo catalán, pero también en todo lo que aún le falta a ese movimiento de resistencia representado en el terreno cultural por el humor corrosivo, inteligente y contestatario de Tabarnia.

Ahora, esos catalanes que se sienten españoles han alcanzado por fin el derecho a defender su identidad, a expresar públicamente su pertenencia a España. El silencio y el disimulo han sido sustituidos por el activismo, el de las manifestaciones con banderas nacionales en Barcelona, el de las asociaciones cívicas, el de los catalanes que dicen ser de Tabarnia. España, la españolidad, el españolismo ya no son palabras prohibidas en las calles catalanas. A pesar de ser al menos la mitad de los catalanes, se sienten parte de la resistencia porque han sido excluidos de las instituciones, de los círculos de poder cultural, de los valores dominantes de Cataluña, hasta del fútbol del Barça, pero la gran novedad es que ahora existe esa resistencia donde antes sólo había silencio social.

Y eso ha ocurrido porque cuarenta años de abusos y de negación de la pluralidad por parte del nacionalismo colmaron la gota de la paciencia de los catalanes. Lo que activó la movilización social, pero también impulsó al liderazgo político, el del PP, el de Ciudadanos y, con más dudas, el del PSOE, para aplicar el 155 y defender con contundencia la democracia en Cataluña. Perdieron las elecciones, pero han ocupado un espacio social que antes no tenían. Tabarnia por fin existe en Cataluña y es una de las razones por las que el independentismo no tiene futuro.

Falta que los catalanes de la resistencia dejen de ser resistencia, que tengan la opción de ocupar los espacios sociales, culturales e institucionales que hasta ahora tienen vedados. Y que, incluso, puedan ganar las elecciones. Y ahí es donde el problema no es sólo el de TV3, como estos días destacan algunos, cuando instan a la aplicación del 155 a la televisión manipulada por los independentistas; y cuando exigen los cambios, las acciones y el liderazgo a los partidos y a los políticos que son quienes han dado ya los grandes pasos de este proceso, con la defensa de la ley y de la democracia.

Quien aún no ha dado ese paso, eso es lo que falta en Cataluña y en el resto de España, es una buena parte de la élite intelectual. Hay liderazgo político, pero falta el intelectual, y eso incluye el periodístico. Ayer mismo, alguien tan relevante como Juan Luis Cebrián culpaba de los males de Cataluña en un artículo a Mariano Rajoy y le instaba a dialogar con los ultras del independentismo y no a aplicarles el Código Penal. Al autor, muy representativo de una parte muy influyente de la élite intelectual de la izquierda, le parece que hay que acabar con la desafección de los catalanes nacionalistas, el argumento del progresismo en los últimos cuarenta años.

El problema no es sólo lo que se hace en TV3 sino lo que no se hace en el otro lado, ese liderazgo intelectual que tras cuarenta años de poder nacionalista, de abusos continuados de la ley, de golpismo independentista, aún piensa que hay que dar satisfacción a los independentistas y no liderazgo y apoyo a los resistentes de Tabarnia.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte