Primer gesto, primer bofetón

Porque Torra no ha tardado mucho en contestar a estos «gestos» de Sánchez y a la teoría del bonito amanecer del «buenrrollismo» galáctico, que para algo ha hecho ministro a un astronaut

Álvaro Martínez
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Coincidiendo con la llegada de Sánchez a La Moncloa, el separatismo vuelve a la casilla de salida pese a que el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno vendió como un gesto del comienzo de la «era buenrrollista» del diálogo -lo que en el zapaterismo se conocía con la simpleza del «talante»- el levantamiento del control de las cuentas de la Generalitat. Asimismo, y para que el pollo no fuera sin guarnición, el nuevo presidente hizo saber a Quim Torra -el «supremacista xenófobo» (en palabras del propio Sánchez) que ahora manda allí- su disposición para una entrevista entre ambos. Y todo arreglado, ¿no? Pues no...

Claro que no. Porque Torra no ha tardado mucho en contestar a estos «gestos» de Sánchez y a la teoría del bonito amanecer del «buenrrollismo» galáctico, que para algo ha hecho ministro a un astronauta. Ayer volvía a poner en marcha Diplocat, el aparataje de promoción independentista en el extranjero creado en 2012 por Artur Mas y cerrado tras la aplicación del artículo 155 después de gastar millones de euros en él. Y el anuncio también viene con su aderezo, claro: el siguiente paso será intentar «restituir» a sus 17 trabajadores. Entre ellos se encuentra Francesca Guardiola, la hermana del máximo exponente del llamado «separatismo en chándal», Pep Guardiola, que llevaba la muchacha medio año en paro y eso no puede ser. Ya tiene tarea el ministro de Exteriores, Josep Borrell, para demostrar que sigue siendo aquel «azote del separatismo» y no se le ha apagado aquel brío constitucional.

El soberanismo de lacito amarillo, pertinaz y urticante como un picor inguinal, vuelve por tanto a la casilla de salida. Y pone así a Sánchez y Batet, su estratega territorial, ante la realidad que no quieren ver. Mientras ambos se desengañan, la Policía bajo mando de Grande-Marlaska, ajena al «buenrrollismo» presidencial, sigue a lo suyo y ayer registró por orden judicial dependencias oficiales y particulares donde sospecha que pudo cocerse el censo ilegal con el que, como diría Piqué, empezó todo el 1 de octubre: el centro de telecomunicaciones, la productora Mediapro y la consejería de Economía.

Desgraciadamente es de prever cuál será la dinámica de la «era buenrrollista» de Sánchez: gesto, bofetón; gesto, bofetón; gesto, bofetón... Le van a faltar a España mejillas que poner.

Álvaro MartínezÁlvaro MartínezRedactor jefeÁlvaro Martínez