Mayte Alcaraz

El presentador

Iglesias, que lleva un periodista dentro, se rebela contra los que quieren que deje La Tuerka

Mayte Alcaraz
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Pablo Iglesias tiene una acreditada pulsión por controlar el periodismo a través de dos vías: la exclusión y la absorción. De la primera da cumplida muestra la batería de mensajes, advertencias y coacciones que guardan decenas de periodistas y que han puesto a disposición de la presidenta de la Asociación de la Prensa, Victoria Prego. Yo conozco alguno de ellos y créanme que las inocultables presiones que han ejercido partidos como el PP y el PSOE sobre la profesión a lo largo de las últimas décadas son un juego de niños al lado de los mensajes totalitarios y sectarios que gastan en el partido morado. Pero además de silenciar a los informadores que no les bailan el agua, los líderes de Podemos pretenden la asimilación de este oficio por quienes sí les merecen confianza para ejercerlo: ellos mismos.

No olvidemos que los primeros pasos de Iglesias por el star-system patrio discurrieron (y discurren) por los platós. Primero como presentador en el canal La Tuerka y después en el programa Fort Apache, en la cadena de financiación iraní HispanTV. Luego vendría el paseo por las TDT y especialmente por Intereconomía, donde el hoy diputado echó los dientes en la zona cero de las tertulias, probablemente alentado por algún despistado dirigente del PP que creyó que introducir una cuña en la izquierda debilitaría al PSOE y fortalecería al partido de Rajoy. Probado está que la primera premisa se cumplió, pero más por méritos de los socialistas que por agentes externos, y que la segunda lejos de convertirse en realidad se transformó en un bumerang que a punto ha estado de llevarse por delante el sistema de libertades en que vivimos.

La afición de Iglesias por hacer de periodista justiciero llega tan lejos que anda muy enojado porque el grupo socialista, con toda la razón del mundo, no está muy de acuerdo con que siga haciendo de Matía Prats en La Tuerka mientras cobra como diputado en Cortes. La aplazada votación del dictamen de la Comisión del Estatuto decidirá pronto si una cuarentena de diputados pueden tener otro trabajo, entre ellos el portavoz del PP Rafael Hernando, más allá de su cargo de representantes de la soberanía nacional. Uno de los que se niega a abandonar su pluriempleo (que asegura que no es remunerado) es el líder de Podemos que debe creer que la labor que tiene encomendada no exige la suficiente dedicación y entrega como para abandonar las sesiones con palomitas para ver Juego de Tronos, los mensajes insultates a los periodistas y el simulacro de presentador que lleva dentro. La excepción recogida en el artículo 159.3c de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General es hoy un auténtico coladero para diputados que no justifican debidamente sus "otras actividades".

Además, entre esas otras dedicaciones está colocarse un pinganillo de sol a sol para atender con una sonrisa a las cadenas "amigas". A las enemigas, según la APM, les dedica algo peor que una sonrisa.

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