EFE
Editorial ABC

PP y Ciudadanos, a la gresca

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En las últimas semanas, el PP y Ciudadanos han acentuado su encarnizada pugna por el dominio del centro-derecha con mutuas acusaciones de corrupción e irregularidades. Los sondeos, mayoritariamente benignos para el partido de Albert Rivera y desesperanzadores para el de Mariano Rajoy, han abierto tal brecha entre ambos que la aprobación de los próximos presupuestos del Estado parece peligrar. Aún es prematuro aventurar si Ciudadanos dejará de ser el socio de referencia del PP, pero el hecho de que Génova les ataque, ya sin disimulo, nos vuelve a sumir en una precampaña perpetua de inciertas consecuencias. Es cierto que el Tribunal de Cuentas ha detectado irregularidades en la contabilidad de Ciudadanos, y que el PP lo ha aprovechado para denunciar que la pulcritud virginal de Rivera no es tal. Pero no solo no estamos aún en campaña, sino que el PP no tiene necesidad de incurrir en sobreactuaciones. La evolución real de Ciudadanos en las urnas está aún por ver, porque faltan dos años para las elecciones. De hecho, si algo necesita el Partido Popular es afianzar más su proyecto ideológico y sus mensajes para recuperar valor de marca, diluido más por errores propios que por éxitos ajenos. Cs sufrirá desgaste con el tiempo y el PP podrá poner en evidencia las muchas contradicciones de Albert Rivera.

Se trata de dos partidos condenados a entenderse, porque una clara mayoría de españoles se inclina por el centro-derecha como opción de poder frente al derrumbe de la izquierda. Si la derecha moderada se agrede entre sí, no sabrá aprovechar la profunda debilidad de una izquierda populista a la que conviene dejar sin opciones de gobernar por el bien de todos.