El perfil de Carmena

La falta de compromiso con la ley de la alcaldesa de Madrid es aun menos admisible que la de Colau

Mayte Alcaraz
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A Manuela Carmena la nombró alcaldesa de Madrid la nefasta campaña de Esperanza Aguirre y la reconocida maestría de la exjuez para enmascarar el sectarismo de Podemos detrás de su impostada imagen de "abuela" de la que hoy solo quedan unos restos de maquillaje y la desazón de muchos de los que la votaron y de todos los que nunca la creyeron. Su relativismo moral, incluso más culposo que el de su homóloga barcelonesa, Ada Colau (con intereses electorales en el "procés"), ha tocado fondo con el golpe de Estado en Cataluña. Pasará a la historia de la ignominia por echar al desagüe el capital moral y político de millones de madrileños, que solo pedían dignidad y sentido de Estado frente a un grupo de sediciosos.

La equidistancia donde se ha alistado Manuela Carmena no es nada inocente, sino hija de una estrategia por sumar el voto más radical al que ya cree tener consolidado como "alcaldesa entrañable". Espera que todos terminen por reclamarle –por aclamación – su repetición como candidata. Ni es inocente que, como le recordó hace unas horas el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, haya cedido un espacio municipal a los separatistas, apoyado una manifestación en Sol a favor del referéndum ilegal y mantenido en su puesto a su concejala Rommy Arce, tras reconocer a la falsa república catalana. La "entrañable" Manuela pretende ser, con sus estudiadas decisiones, la última coca-cola en el desierto para Iglesias, con el que apenas se habla, y demostrar así que solo ella puede pugnar por mantener la plaza de la capital, fundamental para la supervivencia de Podemos. Su secreto plan consiste en formar ticket con un desfondado y ninguneado Errejón, que podría tener menos opciones frente a Cifuentes en la Comunidad que ella en el Ayuntamiento.

Pero todo sobre el papel. Porque la astuta Carmena no solo es experta en ponerse de perfil cuando toca defender la legalidad, sino que mantendrá idéntica postura hasta que sus oponentes deshojen la margarita. Si finalmente Rajoy opta por uno de sus ministros más notables, Íñigo Méndez de Vigo, para recuperar la capital, Ciudadanos repite con la bien valorada Begoña Villacís y el PSOE da la campanada con su todopoderosa presidenta Cristina Narbona en el cartel para Madrid, a la alcaldesa le temblarán las piernas y dejará tirado a Iglesias un año antes de los comicios. Sabe que la moneda que cayó de su lado, gracias a los errores de otros, no se repetiría con nombres tan mayores en el PP y en el PSOE, este último fundamental para retener la alcaldía. Y se malicia también que si el PP coloca a otro candidato más modesto que el portavoz del Gobierno será señal de que ha pactado con Ciudadanos (con el que podría formar mayoría) repartirse el poder en las instituciones madrileñas: Cifuentes, para la presidencia regional, y Villacís, para la alcaldía. También en ese supuesto, Iglesias probará la maestría de Manuela para no estar donde todos esperan que esté. Es el perfil de Carmena.

Mayte AlcarazMayte AlcarazArticulista de OpiniónMayte Alcaraz