Ignacio Ruiz Quintano

Pepe Luis

Pepe Luis Vázquez reaparece, sólo por un día, que es esta tarde, en Illescas. Lo hace con Morante de la Puebla, que el jueves recibió el Premio Taurino ABC

Ignacio Ruiz-Quintano
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Pepe Luis Vázquez reaparece, sólo por un día, que es esta tarde, en Illescas. Lo hace con Morante de la Puebla, que el jueves recibió el Premio Taurino ABC y habló como torea, es decir, con gracia, una cosa que produce el «existencialismo» andaluz, muy superior en refinamiento y depuración a la angustia del «existencialismo» francés.

—La gracia –decía el Séneca– es un aviso con que Dios nos dice que una cosa está ya en su punto.

Más que de arte, Pepe Luis y Morante son toreros de gracia. De arte, según Paula, han sido Cagancho, Curro «y mi menda lerenda»:

—Lo otro es gracia torera.

En la cena de ABC, a Pepe Luis un amigo le pidió para esta tarde, no una faena, sino un detalle, un kikirikí, un cambio de mano…, que en esta situación de hambruna se halla la afición, ayuna de lo que es toreo y ahíta de lo que lo parece.

—Lo moderno –vino a decir Morante– me aburre tremendamente.

Y allí estaba Simón Casas, que ha hecho unos carteles de San Isidro que apetecen como unas oposiciones al Catastro. Y don José Escolar, fuera de Madrid por «castoso», así que, para ver toros, habrá que ir, con los suyos, en julio a Pamplona, igual que para ver gracia torera hay que ir hoy a Illescas. Con Morante, que gasta melena de león (¡el león en invierno!), un pelazo como el que le esquilaron a Eugenio Noel en Sevilla. Y con Pepe Luis, el hijo de Pepe Luis, alternativado en el Madrid del 40, con Lalanda y Rafael Ortega Gallito en el ruedo, y en un tendido, Heinrich Himmler, que se desmayó en la «bárbara» suerte de varas, «expresión democrática española», debida, según Gecé, a la Revolución francesa, que derribó al Caballero (rejoneador) de su Caballo y lo entregó, hecho un penco, al antiguo lacayo (picador): el picador de toros venció en Bailén a Napoleón, que se vengó de esa derrota elevando al piquero a caballero, etcétera.

—La unión inseparable –que ve Morante mirando al Rey– entre la máxima, máxima… y nosotros, el pueblo, que salimos de abajito.

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