El nudo gordiano

Al menos Mas está en Cataluña, no por el centro y norte de Europa, con el frío que hace

José María Carrascal
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En vez de perderse en los detalles, el Tribunal Constitucional se fue directo al grano: si el Parlament debatía el martes elegir presidente a Puigdemont. Decidiendo aplazar la sesión hasta oír a las partes. Dicho de otra forma: en vez de debatir lo que estaba en entredicho -si había «propósito preventivo» en la demanda del gobierno, si se escuchaba a los letrados, si se seguía la línea del Consejo de Estado-, centrarse en lo que coincidían: si quien quiere presidir la Generalitat debe estar en el Parlament a presentar su programa de gobierno. Decidiendo que sí, pero sin que valgan presentaciones alternativas, como la telemática, o que alguien lea en su nombre su programa. O sea: Puigdemont tendrá que presentar la correspondiente autorización del juez que le ha declarado prófugo. Dejando para más tarde el debate de si se admite, o no, la solicitud del gobierno de impedírselo. Fue como Alejandro Magno rompió el Nudo Gordiano: de un tajo, en vez de enredarse en el mismo.

Que Puigdemont aplaudiera de entrada la decisión muestra sus pocas luces. «Hasta el TC rechaza el fraude de Ley que pretendía La Moncloa», dijo. Sin darse cuenta de que debe elegir la celda o continuar siendo el ex presidente errante, lejos del país que intentaba conducir, y ruega al juez que le permita presentarse sin problemas. Le ocurrió también a su «astuto» predecesor. Pero, al menos, Mas está en Cataluña, no por el centro y norte de Europa, con el frío que allí hace. Suele ocurrir a los que se pasan de listos.

La pelota vuelve así a las manos de otro listillo, el presidente del Parlament, Roger Torrent, que, junto a la mesa, tendrá que decidir si siguen adelante con «Puigdemont y nadie más», incurriendo en desobediencia al Constitucional, o buscar otro candidato, contradiciendo sus planes. La sartén o el fuego. Cuando ya se alzan voces de «si hace falta, habrá que sacrificar a Puigdemont» (Tardá). En cuanto al gobierno, se ha salvado por los pelos. Esperar al último minuto, al estilo Zidane -que cambia los jugadores demasiado tarde- lleva a la derrota o a llevarse sofocones de infarto. Esta vez, Rajoy tuvo suerte, pero no va a tenerla siempre. Y aún así, se ha dejado jirones en el lance.

Modélica, en cambio, ha sido la actuación del Constitucional. La decisión del Consejo de Estado y las recomendaciones contradictorias de los letrados habían complicado el asunto de tal forma que parecía irresoluble. Sobre todo, si buscaba mantener unanimidad en su sentencia. Pero consiguió hallar la equidistancia entre acceder a la solicitud del gobierno y poner los obstáculos necesarios para que un prófugo de la justicia, con cargos tan graves como sedición y malversación de fondos públicos, no alcanzase el más alto cargo de una Comunidad Autónoma. El forcejeo sigue y nadie espere que los secesionistas tiren la toalla. Seguirán usando argucias y buscando grietas en el bloque constitucional para alcanzas sus fines.

Pero queda demostrado que puede derrotárseles cumpliendo la ley que intentan burlar.

José María CarrascalJosé María CarrascalArticulista de OpiniónJosé María Carrascal