Editorial ABC

La nieve y la falta de previsión

No están los españoles para aguantar excusas, sino para recibir disculpas y explicaciones por parte de unas autoridades paralizadas ante una nevada previsible

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El Gobierno del PP ya tiene su crisis por una nevada, que se le ha venido encima en un momento político especialmente complicado. Lo mismo le pasó en 2009 al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, cuando Mariano Rajoy pidió la dimisión de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, como responsable del cierre de carreteras en el centro peninsular y del aeropuerto de Barajas. Este fin de semana de la festividad de los Reyes Magos será recordado por miles de conductores por las horas, más de veinte en algunos casos, que pasaron bloqueados en las autopistas AP-6 y A-6, entre otras carreteras. Los avisos de fuertes nevadas se fueron sucediendo en los últimos días y la DGT previno de los problemas que podrían plantearse a los conductores. Sin embargo, ninguna autoridad puede pretender que las familias no vuelvan a sus hogares al término de las Navidades y, en todo caso, que los ciudadanos hagan más o menos caso, o ninguno, a los avisos oficiales no es excusa para no tomar todas las medidas preventivas que aconsejaba la experiencia. El Gobierno, los Ejecutivos autonómicos y la concesionaria de las autopistas afectadas no han estado a la altura de las circunstancias. No es admisible que una vía de comunicación principal con destino a Madrid esté cortada durante horas. No puede decirse que sea una carretera donde las nevadas resulten inusuales. Todo lo contrario. Por tanto, quien afirme que lo sucedido no era previsible se equivocará y estará ofendiendo la inteligencia de los ciudadanos. Es cierto que el acceso de las máquinas quitanieves fue dificultada por la presencia de vehículos en los arcenes, pero esta incidencia debía estar contemplada en los planes de prevención. Todo apunta a que las autoridades y la concesionaria llegaron tarde al problema. Por cierto, ¿dónde estaba a esas horas Íñigo de la Serna, actual ministro de Fomento?

Nada se puede reprochar a la Guardia Civil ni a la Unidad Militar de Emergencias, como siempre entregados sin reserva al auxilio de los ciudadanos en cualquier circunstancia y lugar. No son ellos el problema, sino la solución. La responsabilidad política recae sobre quienes no promovieron medidas de anticipación para evitar un caos circulatorio a cien kilómetros de la capital de España y en una de las vías troncales del país. Producido el fiasco, el Gobierno debe medir bien su reacción, sin lanzar balones fuera, ni culpar a los ciudadanos.

En este sentido, no está la opinión pública para aguantar excusas, sino para recibir disculpas y explicaciones de lo que ha sido una deficiente gestión de esta crisis. La nieve ha bloqueado al Ejecutivo, de un partido que ante una situación similar, cuando gobernaba Zapatero, pidió asumir responsabilidades políticas. ¿Y ahora qué?