Menos lobos

Se aplicará el 155 y por supuesto no será el fin del mundo

Luis Ventoso
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No arderá Troya, aunque esta tarde miles y miles de separatistas sulfurados desfilen por el centro de Barcelona en una llamativa riada humana. El 155 es lógico, necesario y democrático –no existe democracia sin ley- y la inmensa mayoría de los españoles llevaban mes y medio clamando por él, se sentían indefensos y humillados. También Cataluña lo necesitaba con urgencia, porque su economía se estaba yendo al garete ante la incertidumbre provocada por el golpe.

Vamos con una batallita de abuelo Cebolleta, que sevillanos y vigueses recordarán perfectamente. En el verano de 1995, la Liga de fútbol obligó a los clubes a aportar unos avales, so pena de descender de categoría a los que no consignasen el dinero. Sevilla y Celta, ambos en Primera, se lo tomaron con displicencia y no cumplieron en plazo. El 1 de agosto, en plena modorra estival, la Liga actuó drásticamente y decretó el “descenso administrativo” a Segunda B de las dos escuadras. ¡Ay la que se armó! En Vigo, esa misma noche unos 40.000 manifestantes salieron a la Plaza de América para expresar su indignación. En Sevilla se repitió el fenómeno el 2 de agosto, con una riada de aficionados marchando en señal de protesta desde el Pizjuán a la Plaza Nueva. “Queremos pintar algo”, rezaba alguna pancarta, con el gracejo propio de la tierra. “¡Esto no es democracia ni na!”, clamaban algunos manifestantes. El quejío sevillano se repitió el 7 de agosto, con 35.000 hinchas de nuevo en las calles. La Liga acabó cediendo ante la indignación popular y organizó un campeonato de 22 equipos para salir del brete.

Pues bien, ninguna de las acciones de la justicia y el Gobierno español contra el golpe separatista han levantado en Barcelona una reacción de carácter espontáneo tan automática y concurrida como la que se produjo en Sevilla y Vigo por sus cuitas futboleras. El pasado jueves, una manifestación contra la detención de los Jordis no llegó a doscientas personas. Es cierto que los separatistas están bien organizados y cuando se lo proponen logran movilizar a multitudes, como sucederá esta tarde, con una marcha que sin duda será espectacular. Pero es siempre tras un enorme esfuerzo logístico, con TV3 convocando con toda su trompetería, con el aparato de la Generalitat agitando la calle, con las asociaciones separatistas movilizando hasta al último militante del último pueblo. La pulsión espontánea dista de ser multitudinaria. Esto no es la plaza Maidán de Kiev. Si en Cataluña existiese el clamor separatista que nos venden los sediciosos, la tarde en que se esperaba que Puigdemont proclamase su República una inmensa multitud se habría agrupado expectante frente al Parlament. Pues bien, había unas 15.000 personas, sobre una población de 1,6 millones de barceloneses. En España no nos gustan las matemáticas, somos más de cañas y tapas. La mítica CUP obtuvo en las últimas autonómicas 337.000 votos. ¿Muchos? Residuales sobre una población de 7,5 millones de catalanes.

Se aplicará el 155 y no será el fin del mundo. Al final, pasados los aspavientos de hoy, no pasará nada, del mismo modo que nada ocurrió cuando Aznar y Garzón liquidaron todo el brazo civil de ETA, insólitamente tolerado hasta entonces. En la jornada de hoy, poniendo toda la carne en el asador, el separatismo sacará a otra marea humana a la calle, con Puigdemont en cabeza para, protestar por el 155 Las fotos darán la vuelta al mundo, como la dieron las de las multitudes en Bilbao y San Sebastián tras la liquidación de Batasua, pero vendrán más días. El lunes toca volver al trabajo. La vida sigue y este lobo ladra mucho y muerde menos. Van a perder. Los ha liquidado ya Adam Smith, el libre mercado: cada hora se están fugando de Cataluña nueve empresas. Un exitazo la ensoñación de Junqueras, el mayor enemigo público de Cataluña, pues nadie le hace más daño.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso