Los policías están desbordados por los saltos masivos a la valla de Ceuta
Los policías están desbordados por los saltos masivos a la valla de Ceuta - EFE
EDITORIAL

Medidas urgentes en la valla de Ceuta

La imagen de policías desbordados por una avalancha de inmigrantes, sin más obstáculo que una puerta con candado, demuestra que hay que pasar a otro tipo de estrategia de protección

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La entrada en avalancha de 200 inmigrantes por el paso del Tarajal, el pasado lunes, ha puesto en evidencia la necesidad de revisar la política de seguridad fronteriza en la valla de Ceuta. Aunque en días posteriores las fuerzas de seguridad de Marruecos y España repelieron otros tres asaltos, la excesiva dependencia de los medios humanos ha obligado a suspender el paso de mercancías y personas hacia territorio alauí hasta la semana que viene, para destinar a todos los efectivos de Guardia Civil y Policía Nacional al refuerzo del paso fronterizo. El Ministerio del Interior ha asumido que el planteamiento actual de la vigilancia en la valla de Ceuta está agotado y deberá ser sustituido por mejores medios tecnológicos de detección anticipada de las posibles avalanchas. Lógicamente, cualquier revisión de la estrategia contra la inmigración ilegal debe contar con Marruecos, porque, en definitiva, es suelo marroquí desde donde salen los asaltos en avalancha. La colaboración con el país vecino es condición previa para el éxito de cualquier otra medida de disuasión de la entrada ilegal en España.

Desde el Ministerio del Interior no se considera que falten efectivos, aunque hay asociaciones policiales que piensan lo contrario. En cualquier caso, la imagen de miembros de la Policía Nacional desbordados por una avalancha de inmigrantes ilegales, sin más obstáculo que una puerta con candado, como sucedió en el Tarajal, demuestra que hay que pasar a otro tipo de estrategia de protección. Incluso aunque hubiera habido un número suficiente de agentes policiales para repeler la irrupción, la situación habría generado riesgos desproporcionados para funcionarios e inmigrantes. La solución adecuada es aquella que impide que el inmigrante ilegal llegue a la puerta misma del paso fronterizo.

La vertiente económica también debe estar presente en el análisis de la situación. El comercio diario entre España y Marruecos por la frontera de Ceuta es un motor económico de la zona y cualquier medida restrictiva del paso de mercancías y personas impacta muy negativamente en el bienestar de los ciudadanos a ambos lados de la frontera.

Es evidente que la mejora de los medios humanos y materiales en la valla de Ceuta no resuelve un problema que nace a miles de kilómetros al sur, pero hasta que llegue la solución a los conflictos y carencias que empujan a miles de jóvenes subsaharianos a huir de sus países, debe mantenerse el rigor en el control migratorio. Ningún gobierno responsable puede ceder a un humanitarismo mal entendido que suprima las fronteras en un momento en el que la seguridad colectiva es una prioridad para todos los Estados europeos.