Malos

¿Queda invalidada la obra de un gran artista si es un bicho?

Luis Ventoso
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La Costa Amalfitana, donde veraneaban Tiberio y Wagner y ahora lo hace Merkel, debe parecerse bastante al paraíso terrenal, a pesar de algún que otro mogollón turístico. Si se llega a la sobada isla de Capri cabe quedarse en la Piazzetta, a darle al morapio entre una fauna atosigante, o escapar por patas. Caminando una hora larga hacia el Este pueden alcanzarse los restos de Villa Jovis, el palacio de las abracadabrantes orgías de Tiberio, el feo y rijoso emperador (aunque los últimos estudios discrepan y bajan el volumen a su lujuria). Un poco al Sur se encuentra la casa moderna del escritor Curzio Malaparte, levantada en 1937 en la cresta de un acantilado estrecho y muy escarpado. «La casa es como yo», explicaba el literato. Es cierto. En cierto modo resulta hermosa, pero también rara y complicada. Abierta y hermética al tiempo, liosa para una existencia normal.

Malaparte, que en una sola vida fue fascista entusiasta y comunista y cuya hospitalización final costeó la Democracia Cristiana, conserva fama de bicho. Uno de sus biógrafos llegó a presentarlo así: «Cabe aducir varias razones, y todas muy buenas, para no estimarlo». Toscano, hijo de italiana y de un ingeniero alemán, era un dandi cínico, veleta, de ego desatado, un aprovechado de fidelidades variables al albur de su único afecto: su súper Yo. Pero no cabe duda de que fue un escritor soberbio, moderno a su modo y elocuente, con una mirada preclara, que le permitió anticipar la decadencia de Europa que hoy masticamos. Sin embargo a los italianos les cuesta alzaprimarlo, porque su discutible pasta humana salpica la valoración de su trabajo.

Esa historia se repite. ¿Es posible disfrutar con Cèline una vez que sabes que colaboró con los nazis? ¿No perderá Neruda parte de su magia ante quien lea su repulsiva «Oda a Stalin», jabonosa elegía del que junto a Hitler y Mao fue el mayor asesino en serie del siglo XX? El debate se torna complicado. Me encanta Hitchcock, pero también sé que era un sádico que acosaba a sus actrices de un modo patológico. ¿Impide la crueldad del genio seguir disfrutando con «Vértigo» o «Encadenados»? Kevin Spacey, de 58 años, es probablemente el mejor actor anglosajón vivo junto a Daniel Day-Lewis y Mark Rylance. Ha ganado dos Oscar y es además un gran hombre de teatro, que rescató de la decrepitud al Old Vic de Londres. Ahora se ha destapado que hace tres décadas, cuando tenía 27 años, abusó de un actor de 14. Él ha farfullado unas disculpas confusas y ha alegado que estaba muy borracho; también ha salido del armario, lo cual no constituía secreto alguno. No existe una sentencia, ni siquiera un proceso judicial todavía. Pero su afamadísima serie, «House of cards», ya ha sido cancelada y también el estreno de la película que acaba de rodar. ¿Anula un acto de conducta odiosa todo el arte y talento de Spacey? Carezco de respuesta. Pero eran más soleados los días en que la caída siempre tenía el reverso de la redención. Ya lo decía El Jefe, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Pero en Galilea tenían una gran suerte: no había redes sociales.

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