David Gistau

Leviatán

Si no piensan hacer nada contra los zombis, entonces permitan el reparto de armas y de estacas

David Gistau
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Uno, que es un hipocondríaco histórico y un desesperanzado en lo que se refiere a la condición humana, ya tiene imaginación suficiente para imaginar finales de época catastróficos, advenimientos siniestros y regresos de los espectros del siglo XX, que estaban latentes. Sólo con echar un vistazo al periódico, encuentro material suficiente como para acongojarme y pedir lugar en un búnker de supervivencia con ¡los Populismos! y con la reimplantación de los miedos de la ¡Guerra Fría!, cuya escalada está a punto de devolver su vigencia al acrónimo ¡DMA! (Destrucción Mutua Asegurada). Quién nos habría dicho, después del final de la historia de Fukuyama y de la irrupción de las guerras asimétricas contra supuestos cabreros, que aún tendríamos la oportunidad de vivir en Def Con Dos: cuando emerjan los silos nucleares, procuren estar al lado de una mujer -o de un hombre- que, a la pregunta de qué haría usted si se fuera a extinguir la vida humana sobre la Tierra, responda: «Sexo». Que no les toque al lado ¡Sostres!, que ahora sólo hace que ¡rezar! y aun en el último momento intentaría la salvación de almas ajenas.

Por si no circulaban ya suficientes miedos, resulta que una acertadísima pregunta en el Senado de Carles Mulet, tal vez la más importante de esta legislatura, ha revelado que el Gobierno no tiene protocolo alguno previsto para paliar un apocalipsis zombi. No se trata ya de la costumbre marianista de permanecer impávido mientras los problemas se resuelven solos. Se trata de que el Estado ni siquiera contempla la posibilidad de que nuestra forma de vida sucumba por culpa de una proliferación de zombis harto más incontenible que la de ¡populistas! Vamos, si no hay nada pensado para los zombis, prefiero no preguntar siquiera sobre la posibilidad de una invasión alienígena, seguro que el Gobierno maneja esta hipótesis con la tranquilidad de saber que también de los alienígenas vendrían las naciones sajonas a salvarnos como en una perpetua adaptación del pelotón de Spengler en Omaha Beach.

La actitud del Gobierno ante la posibilidad de un apocalipsis zombi no sólo es irresponsable y desasosegante. Además supone una quiebra flagrante del pacto hobbesiano por el cual aceptamos que el Estado maneje la violencia en monopolio a cambio de velar por nuestra seguridad. Miren ustedes, si no piensan hacer nada contra los zombis, entonces permitan el reparto de armas y de estacas -no, eso es para Drácula, que ésa es otra- para que podamos garantizar nuestra propia supervivencia en el espíritu de la Segunda Enmienda. Por otra parte, y ya que el Estado nos ha abandonado a merced de los zombis y tendrán ustedes que prevalecer en una civilización colapsada, recomiendo la lectura del manual de supervivencia contra zombis de Max Brooks, el hijo de Mel. Ahí está todo. En realidad, mucho menos concretas son las instrucciones para repeler ¡Populismos!, esos otros zombis cuya existencia conviene al Gobierno para prolongar el miedo social del cual vive.

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