José María CarrascalSeguir

Jugando con trileros José María Carrascal

Entre los empresarios, el miedo es aún mayor, pues saben hasta qué punto los antisistema controlan todo en Cataluña

Cuando oigo decir a Rajoy, sin alzar la voz pero convencido «no habrá referéndum el 1 de octubre», siento admiración e inquietud: ¿Cómo lo sabe? ¿Se da cuenta de que está jugando con trileros, que no respetan ley ni norma, que han mentido a todo el mundo, empezando por sus seguidores? Han dicho a los catalanes que el referéndum iba a ser legal, que contaban con el apoyo de las instituciones internacionales y de los países más importantes, que podrían seguir en la Unión Europea y, además, teniendo las mismas relaciones con España, ya que los españoles son tontos (esto último no lo dicen en voz alta, pero lo dan a entender al invocar su «astucia»), que el Estado catalán sería una especie de Mónaco, Gibraltar o Andorra sólo que más grande, con todos los beneficios actuales sin ninguno de los inconvenientes. Y resulta que nada de eso es cierto. Que el catalexit está resultando aún más problemático que el brexit, porque no hay Estado, ni ejército, ni hacienda, ni nada sólido detrás, sólo las figuraciones de unos bocazas (lo que ellos llaman «paveros») que chocan con todas las esquinas dentro y fuera de España. Lo que les convierte en desesperados, algo muy peligroso, pues un desesperado es capaz de cualquier cosa, sobre todo si anda corto de mollera, como es el caso. A estas alturas de la farsa, Puigdemont es un títere en manos de la CUP que no se fía ni de su propio partido, de ahí las purgas que realiza. Su única esperanza es el «choque de trenes»: ver aparecer por Esplugas los tanques españoles y la guardia civil deteniendo a su gobierno. El martirio. No le caerá esa breva. Lo que van a caerle son unas sentencias de aupa y multas millonarias

A la intelectualidad catalana que invocaba «el derecho a decidir para decir no a la independencia» le tiemblan ahora las piernas y pide un puente de plata para huir de tanta estupidez y mentira. Entre los empresarios, el miedo es aún mayor, pues saben hasta qué punto los antisistema controlan todo en Cataluña, empezando por sus negocios, que están principalmente en España. En tal coyuntura, Rajoy, diciendo que no habrá referéndum el 1-O ni hará nada hasta entonces. Resulta tan insólito como turbador. ¿Y si esos trileros ponen urnas en ayuntamientos, iglesias, club sociales o sus casas, y le llaman referéndum? Son muy capaces. Sobre todo sabiendo que, en última instancia, la oposición les apoyará. De ahí mi inquietud. Pues hay alguien aún más de temer que el nacionalismo: la izquierda. Una izquierda dispuesta a venderse no sólo ella, sino también España con tal de que Rajoy no siga gobernando. ¿Qué exagero? Ahí tienen a un socialista «moderado» formando gobierno en Castilla-La Mancha con Podemos para impedir que gobierne el PP, ganador de las elecciones. Objetivo: Madrid, donde contarán con los nacionalistas. La próxima moción de censura y la plurinacionalidad de España se ponen en marcha.

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