Mayte Alcaraz

Juana, después de los focos

El revés de ayer del TC debe hacer replantearse a la madre granadina que la adoptada es la peor de las soluciones

Mayte Alcaraz
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El Tribunal Constitucional volvió a dar la espalda a Juana Rivas. Cómo no empatizar con ella: las emociones y los sentimientos de la mayor parte de los mortales siguen de su parte. Poco que objetar a que una madre luche hasta la extenuación por lo que considera mejor para sus hijos y eso incluye evitar que convivan con un padre condenado por maltrato. Pero las diferentes jurisdicciones que le han negado el amparo no pueden estar todas equivocadas. De las opciones que tenía la madre granadina para luchar por lo que considera justo, la de convertirse en prófuga con sus hijos no era la mejor. Era la peor, como se está demostrando. Por eso, el mayor garante legal, el TC, no estima por segunda vez su reclamación, justificada pero mal canalizada, que no la eximirá de enfrentarse a una pena de entre dos y cuatro años de cárcel y una inhabilitación para ejercer la patria potestad de un mínimo de cuatro años. Si ese inquietante horizonte llegara a materializarse, lo que se intentaba garantizar, la seguridad de los pequeños, se verá doblemente amenazada.

A Juana le ha sobrado corazón y faltado información y asesoramiento. La gente bienintencionada que se ha adueñado de su caso para defender una causa justa pero ajena a este delicado proceso, solo le ha procurado respaldo social pero no argumentos legales. Y sin defensa jurídica nuestros actos devienen en temerarios. Los conflictos entre particulares, cuando no es posible el acuerdo, deben sustanciarse, en un Estado de Derecho, en los tribunales. Es un mecanismo obligatorio en una democracia, en cuyo sistema legal depositamos la última decisión en cualquier litigio personal, familiar o económico.

Yo no he tenido en mi casa a Juana Rivas pero si así hubiera sido la hubiera recomendado un buen abogado. Ni yo ni desde luego las múltiples plataformas que han enarbolado la bandera de la igualdad para vestir este caso tenemos conocimientos técnicos ni han pasado por nuestras manos las pruebas para dirimir qué es lo mejor para Juana y sus hijos. Parece evidente que convivir con un padre sentenciado por lesiones en el ámbito familiar no es la mejor salida, pero hasta cuatro jueces han permitido que el deseo paterno siga vivo jurídicamente. A mí, lega en la materia, me resulta inexplicable pero tengo que creer en los fundamentos jurídicos que asistieron a estos tres magistrados para coincidir en tal determinación.

Seguro que Juana tiene armas legales para hacer valer sus credenciales de madre. No me cabe la menor duda. Como también es evidente que no ha elegido la mejor estrategia procesal ni siquiera ha acertado en el tiempo y en la forma, como volvió ayer a recordar el TC. Ver la fotografía de la madre y los dos hijos, adelantada por ABC, despierta en las personas de bien emociones encontradas. La primera, conmiseración por una mujer cuya desesperación ha llevado a esconder a su familia y la segunda, y esta no es menor, la preocupación por el estado de tensión emocional en el que muy probablemente estén inmersos esos niños, difícilmente ajenos al ambiente clandestino en el que viven desde hace unas semanas.

Este doloroso proceso no va de batallas ganadas por la opinión pública ni de causas feministas. Este asunto solo debe tener un centro de gravedad: los hijos de Juana. Porque cuando los medios dejen de focalizar su interés en esta familia y la calle deje de clamar por ellos, la vida de Juana y sus niños seguirá.

Mayte AlcarazMayte AlcarazArticulista de OpiniónMayte Alcaraz