Las joyitas de la monja Caram

Los fichajes de Tous no dejan en buen lugar a la firma

Mayte Alcaraz
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La crisis económica y el independentismo catalán, tan íntima y oscuramente unidos, han parido ejemplares que uno descambiaría si pudiera. Ahí está Pablo Iglesias, un profesor universitario que no hubiera pasado de pegar pasquines en el hall de la Facultad de Políticas de Somosaguas si la recesión no hubiera activado la pulsión destructiva que todos llevamos dentro. Él solito se ha encargado luego de malbaratar ese respaldo social poniéndose al lado de unos golpistas en Cataluña y puede que termine de nuevo con pasquines 3.0 en el campus de la Complutense. Pero en esa nómina de productos de temporada brillan con luz propia Gabriel Rufián, Anna Gabriel, Ada Colau, y yo tengo especial debilidad por Lucía Caram, la monja menos piadosa que conozco, que emplea el tiempo que debería dedicar a los comedores sociales a ofender, menospreciar y humillar con su venenosa lengua a cuantos no comulgan con ella, políticamente hablando, claro.

La conocí en las tertulias que funcionaron como ventiladores de rencor contra Rajoy durante la crisis económica, donde crecieron mediáticamente monumentos a la inteligencia como Ramón Espinar, Juan Carlos Monedero o sor Lucía, que contaba sus intervenciones por ataques crudelísimos contra todos aquellos que no militaran en Podemos, sus satélites sociales o el independentismo catalán. Recuerdo haber discutido agriamente con ella por llamar genocida, delincuente o dictador sanguinario a dirigentes democráticos. No hablaba de Hitler, Stalin o Idi Amín, sino de políticos españoles que, mal o bien, dirigían nuestro país o aspiraban a hacerlo. Háganse cargo del shock que sentí la primera vez que tuve que recordarle a una evangelizadora de la palabra de Dios qué significa la caridad cristiana y cuán lejos estaba su verbo de esa virtud teologal.

Convertida en una estrella, esta monja argentina a la que el mismísimo obispo de Vic tuvo que reconvenir porque sostuvo en un programa de televisión –dónde iba a ser si no– que María no era virgen y mantuvo sexo con su esposo José, ha entregado su vida a algo tan propio de una dominica contemplativa como el delirio de los Puigdemont y Junqueras y atiza a todo el que se mueve en las redes sociales, lo que le ha granjeado algún tímido tirón de orejas del Vaticano. Pero ella erre que erre defendiendo una ideología xenófoba, excluyente y antisolidaria.

Lo que alguien tendrá que explicar es por qué una empresa tan seria como la joyería Tous, que se afana en los últimos meses por proclamar su respeto a los españoles y a su Constitución para evitar el indeseable –yo así lo creo– boicot a sus productos, había elegido a una joyita como Caram para trastear en su fundación y elegir de paso a los miembros de su Patronato, como si el hábito otorgara poderes de caza talentos. Ahora la familia de joyeros ha tenido que prescindir de los indefendibles fichajes de la monja, la mujer de Mas y Pilar Rahola. Pero que los Tous no se equivoquen: la auténtica joya de la "República" es la monja contemplativa.

Mayte AlcarazMayte AlcarazArticulista de OpiniónMayte Alcaraz