Rosa Belmonte

Independiente de toda la vida

Junqueras salió a anunciar la suspensión del Tribunal Supremo como Zoolander sale a recoger el premio que no le dan

Rosa Belmonte
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Tanta murga con «El cuento de la criada» ha conseguido que al ver en un anuncio de El Corte Inglés a una señora con el pelo blanco y frito haya creído que es Margaret Atwood. La verdadera pesadilla no es lo que pasa en Gilead, es que nos den la tabarra de esta manera, como si Tirso, el tabernero pelmazo de «Amanece que no es poco», ahora llevara capa roja y cofia blanca. Si leo que Hacienda ha decidido limitar el uso que los altos cargos catalanes hacen con sus tarjetas de crédito pienso que, después de «es maligno», la segunda peor frase en cualquier idioma es «su tarjeta ha sido rechazada». Pero también pienso en la historieta de esas mujeres esclavizadas y sin derechos. Lo que Montoro anuncia pasa en la novela de Atwood, cuando de pronto las hembras no están autorizadas a usar sus tarjetas de crédito ni a tener cuentas corrientes. Ya sólo nos falta que los secesionistas se comparen con estas pesadas.

Aunque como este sigue siendo un Estado de derecho, y ellos lo saben, el Gobierno catalán ha recurrido al Tribunal Supremo para suspender la intervención de las finanzas catalanas. En el TS dicen que se ha dado curso a la petición de medidas cautelares pero que ni siquiera se ha admitido a trámite el recurso. Y qué más da, Junqueras salió a anunciar la suspensión, como Zoolander sale a recoger el premio que no le dan. Lo que no sé es si mentía o sólo expresaba otra de las mentiras que cree ciertas. ¿Pero cómo no iba a engañar a la vicepresidenta del diálogo? Junqueras, como Mourinho, ha declarado la guerra a la Hacienda española, igual que en el anuncio de Licor 43 declaraban la guerra a la vulgaridad.

Más vulgaridad. A Pilar Gómez, Pablo Iglesias le guiñó un ojo en el programa de Ferreras al terminar su intervención (su tabarra). «Lo de guiñar el ojo, ¿de qué va esto? Lo veo con un tono rancio, machista». Ferreras aseguró que Iglesias le había guiñado el ojo a alguien «y no eras tú, Pilar». Venga, guiñar un ojo es una memez (como coqueteo o como sarcasmo). No parece lo peor que puede hacer Iglesias. A mí que me mirara ya me parecería inquietante. Lo que no entiendo es que, con la hipersensibilidad que tienen estos con cualquier menudencia dizque machista, a Pilar Gómez se le haga luz de gas con el asunto. ¿Guiño? ¿Qué guiño? Más al sur, al pobre Juan y Medio, que estuvo pidiendo disculpas dos días por una inocente y chusca broma pactada, lo han mandado a la escuela de desasnar babosos. Juan y Medio y sus empleados tienen que recibir clases de saber tratar a las mujeres. Un curso de reeducación en igualdad. Demonios, como las de reeducación vial cuando te quitan los puntos del carnet. La RTVA ha suscrito un convenio con el Instituto Andaluz de la Mujer para extender los cursos sobre igualdad de género también a los trabajadores de las productoras. Me gustaría más asistir a una de esas clases que a Harvard, donde te puede tocar Chelsea Manning de profesora invitada. Y que aquí no hayamos llevado a La Veneno a la universidad.

Para cerrar con la televisión, pero con la nuestra, el lunes volvió «El Ministerio del tiempo». El personaje de Irene dijo a Salvador: «Ser independiente no está bien visto en este país». Y el otro: «Ni el respeto a los creadores, tampoco». Es difícil de creer, pero tuvo que salir Javier Olivares, responsable de la serie, para decir que la frase no tenía nada que ver con Cataluña: «El concepto ser independiente es muy anterior al conflicto catalán». No sé si el independentismo ha producido una degeneración cognitiva en España o siempre hemos sido así de idiotas.

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