El hombre del penal (de Estremera)

Es muy relevante hacer ver que Francisco Granados acude a acusar sin aportar una sola prueba de lo que dice

Ramón Pérez-Maura
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Confieso que mi aversión a Francisco Granados viene de los tiempos en que estaba en la cumbre de su poder. Allá por julio de 2008 inauguró, muy ufano, una cárcel cinco estrellas en Estremera. Desde el principio imaginé que un día veríamos a la puerta de esa cárcel a personajes que convertirían el lugar en foco de la atención de todos los medios de comunicación. Y como mis hijos mayores son nietos del duque de Estremera, un limpio título otorgado por Felipe II al Príncipe de Éboli, ver ese nombre identificado con un penal es algo que me produce asco e indignación.

El consejero que inauguró el penal ha hecho posada allí durante más de dos años y medio. Que ya es tiempo para reflexionar. Pero ha salido embrabecido y ayer acudió al juez por propia iniciativa para echar las culpas de todo a Esperanza Aguirre sin aportar más prueba que su propio testimonio. Magro adobo. En el mejor espíritu de los tiempos que corren, Granados asegura que Aguirre mantenía una financiación electoral paralela a la de su partido. Pero afirma que a él no se le pueden pedir cuentas por ello porque nunca se enteró. Y eso, a pesar de ser secretario general del PP madrileño entre 2004 y 2011.

Los medios de comunicación tenemos que recoger declaraciones como éstas de Granados. Pero es muy relevante hacer ver también que este personaje acude a acusar sin tener una sola prueba de lo que dice y buscando descargar sus culpas en terceros.

Otrosí: al PP le dieron ayer bofetadas con este asunto que sólo puede hacerle daño, pero también se las dio a sí mismo, sensu contrario, con el anuncio del ministro de Fomento de las inversiones aeroportuarias en Barcelona. Con la que está cayendo en Cataluña el Gobierno decide ampliar El Prat con una terminal satélite y conectar el aeropuerto barcelonés con el de Gerona. Para que esa ciudad que no permite ni que se celebre la entrega de los premios Princesa de Girona y que cambia el nombre de la plaza de la Constitución por el de «1 de Octubre» -supongo que porque en esa fecha se proclamó Caudillo de España Francisco Franco Bahamonde- tenga claro que sus actos políticos no tienen contestación política. La única respuesta está en los tribunales. Mientras la iniciativa privada huye de Cataluña, papá Estado acude allí a invertir. Está muy bien que el presidente Rajoy afirme que él ha actuado en Cataluña en defensa de los intereses de España y no de los de su partido. Creo que es verdad. Pero tampoco hace falta ser tan radical en en esa postura. Porque si con actos de corrupción de gestores nombrados por otros y con la judicatura sustituyendo a la política, Rajoy acabará encontrándose con una nueva mayoría, la que formará la coalición de Ciudadanos con su aliado natural, el PSOE de Pedro Sánchez. Dios nos coja confesados.

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