Haciendo el trabajo sucio

La Administración Trump intentó ayer hacer parte de lo que dejó pendiente Barack Obama, el Nobel de la Paz

Ramón Pérez-Maura
MadridActualizado:

El régimen sirio es de un grado tal de patetismo que no hay mejor muestra del éxito militar del bombardeo aliado de las pasadas horas en Siria que las imágenes de Bachar al-Assad llegando, según la televisión siria, a su despacho. Entra en un inmenso edificio en el que no hay nadie esperándole. La recepción está vacía y pulcra. En las horas que —supuestamente— siguen a un ataque aéreo de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, Assad se pasea sin un solo asistente a su lado, ni militar ni civil. Me pregunto si los comentaristas de la cadena nacional siria habrán comentado que se movía solo a la espera de despejar un misil de una patada. Porque el balance de los sirios, según el cual habían derribado casi el 70 por ciento de los misiles recibidos, suena a eso: a que los despejaban a cabezazos.

Mariano Rajoy ha dicho con razón que el ataque aliado es proporcionado a la agresión con armas químicas, un método iniciado hace un siglo y que hace tiempo que está prohibido por las convenciones internacionales. Pero Rusia e Irán siguen defendiendo al agresor. Y entre los nuestros sigue habiendo muchos que se acuerdan de criticar el bombardeo aliado pero no el uso de las armas químicas.

Casi nadie ha elogiado a los aliados por el hecho de que el régimen sirio no haya sido capaz de presentar víctimas mortales. Ni militares ni colaterales. Tan abundantes siempre, por desgracia. Eso tampoco debe ser un mérito. El problema es que esto no termina aquí. La Administración Trump intentó ayer hacer parte del trabajo sucio que le dejó pendiente Barack Obama, el Nobel de la Paz. El que dejaba a los dictadores, terroristas y agresores del mundo avanzar sin que él hiciera nada por impedirlo. Ahora rusos e iraníes deben saber que tendrán que pagar un precio por apoyar el uso de armas químicas por el régimen de los Assad. Como bien les ha dicho Trump «¿Qué tipo de nación quiere asociarse con el asesinato masivo de hombres, mujeres y niños inocentes?» Pero me temo que ese tipo de argumentos ya hacen poca mella en las opiniones occidentales y Moscú y Teherán han apostado demasiado en Damasco. Saben que nuestra ciudadanía prefiere seguir pensando que Siria está muy lejos (!) y confortarse creyendo que las matanzas de inocentes allí no nos afectan. Hasta que un día el uso de ese gas llegue a nuestras calles. Y entonces acusarán a nuestros gobernantes de no haber hecho lo suficiente. Al tiempo.

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