Hermann Tertsch

Un gran día

Por primera vez en cuarenta años un gobierno español no ignora ni contenta a los enemigos. Sino toma medidas concretas para hacerle frente

Hermann Tertsch
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Un día para recordar el de ayer. Para todos. Pase lo que pase, pasará a la historia como el día en que España decidió defenderse. Defenderse de las consecuencias de sus propios errores. Por primera vez en cuarenta años un gobierno español no ignora ni contenta a los enemigos. Sino toma medidas concretas para hacerle frente. Es la primera reacción claramente contraria a la deriva que se impuso, por error, por inercia, por pereza, por cobardía, por oportunismo, por codicia, a la política nacional con la Transición. Entre las fuerzas golpistas del separatismo catalán cayó como una bomba la decisión de Mariano Rajoy de comenzar los procedimientos para la aplicación del artículo 155 de la Constitución española. Y miren que venía avisando. Que había advertido que él no quería. Pero que si no le daban algún pretexto, tendría que aplicar la ley donde ha dejado de existir. O incurriría él en gravísimo delito. Pues parece que los líderes separatistas aun ayer se negaban a creer que Rajoy fuera a hacer algo más que esperar. De ahí el estupor genuino. El estupor, lo único genuino en todo aquel espectáculo. Porque todo lo dicho fue una única mentira. Quizás lo único cierto dicho en aquella cascada de disparates histéricos sobre la «destrucción de la democracia» y «el fin de Europa» era eso de que «ni Franco aplicó el 155». Tampoco eran ciertas las cifras, claro. Pese al enfado monumental eran ya menos. Pese a que todas las televisiones presentaban el 155 como poco menos que la invasión nazi de Polonia, la manifestación de Barcelona no se acercó a aquellas grandes concentraciones festivas de cuando todos creían que la independencia era gratis.

El momento es muy serio, por difícil que sea no tomarse a guasa la colosal impostura y tanta majadería como inmoralidad de los dirigentes del separatismo, plañideras ante la «medida inconstitucional» de Rajoy de aplicar un artículo de la Constitución. Cuando los golpistas se esconden bajo faldas constitucionales es que algo no va como quisieran. Estamos en una hora dramática de España. Algunos tenemos la certeza de que habrá de ponerse aun mucho peor antes de que mejore. Habrá que aguantar el pulso en momentos tristes y duros. Antes de que la ley quede restaurada en toda España para alivio, satisfacción y seguridad de la inmensa mayoría de los catalanes y resto de españoles. Pero lo cierto es que ayer fue un gran día. Porque por fin actúa el poder legítimo contra los enemigos de España, cuya impune agresión a la unidad y soberanía siempre fue una ofensa, pero que en los pasados años, meses y semanas se había hecho cada vez más lacerante, humillante, insoportable. Gracias al Rey y a la Nación, a la grandeza de las palabras del primero y a la movilización de la segunda que hace temblar a los partidos, España se defiende a sí misma y por primera vez en mucho tiempo demuestra que se quiere y se respeta.

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