Galones

Sánchez ha cometido el error de agraviar a Rubalcaba. Un mal enemigo experto en maniobras de intriga soterrada

Ignacio Camacho
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En su refundación del PSOE como partido caudillista, Pedro Sánchez cuenta con una circunstancia favorable y otra contraria. La ventaja consiste en que se trata de un partido disciplinado con una fuerte cultura orgánica. El inconveniente es que esa tradición ha generado cuadros muy potentes que no se dejarán laminar sin plantear batalla. No la dieron en el congreso ni en el Comité Federal porque eso habría supuesto cuestionar el resultado de las primarias, pero en las potentes estructuras territoriales están dispuestos a vender su piel bien cara. Aunque la principal oposición tiene un apellido, Díaz, y un nombre, Susana, el secretario general ha cometido el error de provocar a un mal enemigo que se llama Alfredo Pérez Rubalcaba. Un experto en la intriga conspirativa con una agenda de relaciones de influencia contrastada.

Toda la organización ha interpretado el veto a Elena Valenciano para presidir el Grupo Socialista Europeo como una puñaladita al predecesor de Sánchez, un escarnio innecesario. Es probable que la razón no sea sólo esa y que el líder tenga sus propios planes para la futura Eurocámara, que se renueva dentro de un año. Sin embargo, a menudo las cosas en política no son como son sino como parecen, y el rechazo a la actual jefa de delegación ha parecido un agravio contra Rubalcaba, epítome del viejo orden ahora cuestionado. El mensaje de que no habrá piedad con los vencidos ha sentado muy mal en las baronías autonómicas que aspiran a conservar el statu quo de sus liderazgos y ha creado un movimiento de autodefensa que presagia un ambiente cargado. Los «generales», como dice el expresidente andaluz Rodríguez de la Borbolla, no van a dejarse arrancar sin resistencia los galones de mando. Han entendido -con criterio acertado- que el sanchismo se ha fijado la prioridad de deshacerse del antiguo aparato.

Por ahora las fuerzas están desequilibradas y los disidentes se limitan a mostrar su protesta en escarceos mientras tratan de levantar diques contra el asalto interno. El malestar existe y Rubalcaba no es, aunque aparente distancia, de los que se quedan quietos. Tampoco Díaz quita el ojo de la estrategia nacional, con un road show por las televisiones, mientras protege su retaguardia contra las tentaciones de desestabilizarla desde dentro. La nueva configuración estatutaria garantiza a Sánchez el control de las listas de diputados en el Congreso pero las candidaturas autonómicas y locales de 2019, donde se ventila mucho poder real, serán una disputa a cara de perro.

No hay deshielo, aunque tampoco incendio… de momento. Sólo movimientos para conservar posiciones, maniobras de tanteo. La nueva dirección tiene año y medio antes de pasar en las urnas el primer refrendo abierto. La engañosa paz sanchista tiene límite de tiempo: con un mal resultado, el blindaje de la militancia tendrá que probar su consistencia contra el fuego.

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