Ambiente frente a la Casa Batlló con motivo de la Diada del 11 de septiembre
Ambiente frente a la Casa Batlló con motivo de la Diada del 11 de septiembre - EFE
Editorial ABC

Fijar el bloque constitucional

Es lamentable tener que reconocer que frente a la movilización separatista no hay una alternativa organizada y dispuesta a dar una réplica pacífica y democrática

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La discusión sobre el número de asistentes a la Diada del pasado lunes no debe esconder la realidad de que representó a la única parte de Cataluña que se moviliza y sale a la calle. Es lamentable tener que reconocer que frente a esa movilización separatista no hay una alternativa organizada y dispuesta a dar una réplica pacífica y democrática. La Cataluña silenciosa es mayoritaria, sin duda, pero por ser silenciosa entrega el protagonismo a la extremista y separatista. Para que se invierta la situación es preciso que exista un compromiso político por parte de los principales partidos constitucionalistas. Sin liderazgo explícito será muy difícil transformar ese silencio mayoritario en una mayoría política de gobierno que transforme Cataluña. El separatismo ha llevado el conflicto constitucional a un extremo en el que las valoraciones sobre oportunidad política resultan impertinentes cuando se trata de cerrar filas con el Gobierno y en defensa de la Constitución.

Con la unidad del Partido Popular, de Ciudadanos y del PSOE, sin fisuras ni matices, se produciría un reequilibrio de fuerzas sociales y políticas, y estaría en condiciones de generar un efecto disuasorio en el separatismo. Sin embargo, la izquierda socialista sigue separando mensajes y hechos. Apoya de palabra al Gobierno de Mariano Rajoy, principalmente porque las medidas que está tomando el Ejecutivo no son de carácter político-constitucional, pero al mismo tiempo Pedro Sánchez defiende la plurinacionalidad en la Constitución, nuevas concesiones de autogobierno a la Generalitat catalana y una comisión parlamentaria para analizar el modelo territorial. En definitiva, propuestas con las que el PSOE, aun negando al nacionalismo la legitimidad de su desafío inconstitucional, alimenta la coartada separatista de que la culpa de su desafección es del Estado y de una Constitución que, precisamente por ser culpables, hay que reformarlos.

También son visibles de forma constante en el discurso del PSOE los reproches al PP por recurrir el Estatuto catalán de 2006. Gracias a ese recurso el Tribunal Constitucional forjó una doctrina sobre la superioridad de la Constitución frente a los Estatutos que está siendo muy útil para combatir desde 2014 el proceso separatista. Parece haberse olvidado que el principal partido catalán, ERC, votó en contra del Estatuto de 2006 y se abstuvo en el referéndum de ratificación, en el que la participación no llegó al 50 por ciento. Ese Estatuto nunca hubiera evitado un proceso separatista. A lo sumo lo habría reforzado. Por tanto, hay que cambiar el relato histórico para que exista un bloque constitucional sinceramente unido frente al separatismo, que es el único responsable, ahora y en el pasado, del golpe insurreccional que se está produciendo en Cataluña.