Exportamos Goyas

La pegatina fue sustituida por el vestido negro

Antonio Burgos
Actualizado:

Estos Goyas que exportamos se hacen con todas las bendiciones legales, no como aquel rico potrico que cogieron sacando de España un Picasso de tapadillo en su yate como el que saca a pasear al perro. Estos Goyas no tienen en su temática los fusilamientos de la Moncloa ni las majas, vestidas o desnudas. Los Goyas a los que me refiero son los premios Goya, cuyo modelo de manipulación política hemos exportado solemnemente a Estados Unidos y especialmente a Hollywood. Eso está muy bien. No siempre vamos a ser nosotros los que importemos de Estados Unidos novedades, costumbres, modas, modelos de automóviles, aviones, armamento militar, atuendos, tecnologías, hamburguesas o perritos calientes de los que Terelu se come a velocidad de Circuito de Jerez y a pares. Ahora son los americanos, nada menos que los de la Meca del Cine, los que nos copian, sin que, al contrario de lo que ocurrir suele con lo que les importamos, tengamos que pagar patentes, regalías ni derechos de autor.

El modelo Goya ya saben en qué consiste: en que un solemne acto de entrega de premios cinematográficos, naturalmente que televisado en directo y en hora de máxima audiencia, es convertido por los millonarios rojetes del Sindicato de la Ceja en un mitin políticamente correctísimo. El ensayo general con vestuario (carísimo por cierto) de este modelo de conversión de unos premios en mitin globalizado se celebró en Madrid, donde una entrega de premios Goya en tiempos de la guerra de Irak fue convertida en bronca contra Aznar y el PP por los actores y directores progres de caviar, Sicav, casoplón y Visa Oro. ¡Con razón estos actos suelen comenzar con el pase por la alfombra roja! No es roja, es rojísima la alfombra del modelo de Mitin Premios Goya que España ha inventado para la cinematografía mundial y copiado en Hollywood.

Tal ha ocurrido en los premios Globos de Oro, que hasta ahora pasaban por cervantinas luminarias de las próximas victorias en los Oscar. Más que los Globos de Oro, allí se dieron tantos discursos de mitin, todos con la misma plantilla, con las mismas consignas, que parecían los Goya de Oro. Echamos en falta a la mamá de Javier Bardem, que hubiera quedado muy resultona. Con algunas variantes sobre el modelo de Protesta Goya. En la protesta Goya se lleva mucho la pegatina, y seguro que si se celebraran hoy, incluso habría lazos amarillos, ¡anda que no! Pero una pegatina es algo muy barato para los progres millonarios de Beverly Hills; eso queda para el cutre cinematógrafo nacional. La pegatina fue sustituida por el vestido negro como protesta con la consigna «Me Too» por el acoso sexual sufrido por las actrices que hubieron de pasar por la cama de un productor para llegar al plató, según denunció Rosa McGowan del golferas de Harvey Weinstein y de decenas más de sobadores y fornicadores productores de algo que en el cine es más antiguo que un corto de los Hermanos Lumiere, pero que hasta ahora nadie se había atrevido a denunciar y mucho menos a convertir en centro y motivo de los premios Goya, perdón, de los premios Globo de Oro.

Me encantan estos progres, en ese acto completamente Stendhal, «Rojo y Negro»: roja de toda rojez la alfombra, negros, pero carísimos, los trajes de las actrices dando el mitin, verbal o visual, de modo que hasta una de las premiadas, Ophran Winfrey, dicen que va que escarba como candidata demócrata a la Casa Blanca, porque de todo esto tiene evidentemente la culpa Trump, faltaría más. ¿Que quién ganó los Globos? Ah, eso es lo de menos. Como es de lo de menos saber quién gana los Goya. Lo importante es llegar por la alfombra roja directamente a un mitin globalizado y televisado en directo y quedar como más progre que la leche que mamé.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos