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Excelentísimo alcalde Jaime Gonzalez

La carta de Pedro Santisteve, alcalde de Zaragoza, al Papa contiene tal cúmulo de medias verdades que es en sí misma una pura mentira

Excelentísimo alcalde

El alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, le ha mandado una carta al Papa en la que recurre al tuteo para explicarle por qué el Ayuntamiento pretende arrebatarle a la Iglesia la titularidad de La Seo, «que espero recuerdes de tu visita cuando eras obispo de Buenos Aires». Santisteve, célebre por vincular su jornada laboral de «13 horas» al uso de la gomina (15,90 euros) –con cargo al Ayuntamiento–, por aquello de estar «presentable y decente», se dirige al Papa como si este fuera el encargado de la perfumería donde los zaragozanos le pagan la brillantina del pelo.

Por muy cercano en sus gestos y actos que sea Francisco –que lo es–, no deja de ser la cabeza visible de la Iglesia Católica, amén de Santo Padre, Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, sucesor de Pedro, Obispo de Roma y soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, entre otros títulos que obligan a un mínimo de decoro a la hora de dirigirse a su persona. Eso, en lo meramente formal, porque si pasamos al fondo del asunto, la carta contiene tal cúmulo de medias verdades que es –en sí misma– una pura mentira.

Asegura el alcalde de Podemos que la Iglesia Católica se dedicó durante cuarenta años a apropiarse de propiedades públicas o de uso común. Como si la Iglesia tuviera potestad de inscribir a su favor lo que le de la gana. Solo se pueden inmatricular por certificación eclesial bienes poseídos por la Iglesia desde antiguo. Dicho de otro modo: tiene más sencillo Santisteve pasarle al Ayuntamiento los gastos de sus productos de higiene personal que la Iglesia inmatricular por la cara.

El alcalde de Zaragoza pide la colaboración del Papa para mantener el «marco de tranquilidad, respeto y confianza que debe tener una democracia», pero sus actos van encaminados en dirección contraria. Vienen envueltos de ese odio y revancha que destila la izquierda radical y que no pretenden otra cosa que reabrir viejas heridas convirtiendo a la Iglesia en el objetivo principal de sus sectarias obsesiones.

Dado el carácter abierto y conciliador del Santo Padre, no es descartable que responda a la misiva, aunque sin recurrir al tuteo. Será porque el Papa Francisco visitó Zaragoza cuando era obispo de Buenos Aires, pero lo tiene muy claro. A un señor tan mirado de sí mismo que es capaz de pasarle al Ayuntamiento 15,90 euros en concepto de gomina para «estar presentable y decente», hay que llamarle siempre «excelentísimo alcalde».

Jaime GonzálezJaime González
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