Los que engordan al dragón

Son muchos los que engordaron al dragón nacionalista, no sólo los Gobiernos, y será muy complicado adelgazarlo

Edurne Uriarte
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Una viñeta de Miki y Duarte sobre un precioso e inofensivo animalito convertido en terrible dragón ha tenido un gran éxito en las redes sociales en las últimas semanas. En ella se resume parte de la historia de los nacionalismos en los últimos cuarenta años a través de cuatro viñetas, tres en las que los presidentes González, Aznar y Zapatero alimentan y engordan encantados a la simpática cría de dragón, y una cuarta en la que el público arenga a Rajoy para que acabe con el monstruo terrible en que se ha convertido el dragoncito después de tanto alimento.

Se trata de un buen análisis en clave de humor que pone de manifiesto la primera de las tres grandes simplificaciones sobre los nacionalismos y la crisis catalana, aquella que responsabiliza a Rajoy del crecimiento del independentismo catalán, cuando Mariano Rajoy es el primer presidente que ha negado la comida al dragón. Y no sólo porque ha utilizado por primera vez en cuatro décadas el 155, sino porque ha sido el único que no ha hecho nuevas concesiones a los nacionalistas. Bien es cierto que no sólo por sus propias convicciones políticas, también porque el dragoncito había engordado tanto que Rajoy se lo encontró a punto de estallar. De hecho, ha estallado con el golpe secesionista.

La segunda simplificación es la que responsabiliza al Estado del tamaño del dragón, y muy especialmente a los gobiernos. Sobre todo, con la teoría de que fue una irresponsabilidad dejar la Educación en manos de las comunidades autónomas. Y estoy de acuerdo en las lamentables consecuencias de ese sistema educativo utilizado por los nacionalistas para el adoctrinamiento. Pero el Estado tiene en esto, en el domino de los valores nacionalistas, una responsabilidad compartida con la sociedad civil. El sistema educativo es un elemento más. Pero después están los medios de comunicación, los artistas, los intelectuales, las grandes empresas que subvencionan proyectos culturales, el mundo editorial. Han hecho por el dominio nacionalista aún más que el sistema educativo dependiente del Estado. Han dado al dragón grandes raciones de alimento con constantes mensajes de simpatía y legitimación de los nacionalismos étnicos y desprecio hacia quienes hemos reivindicado el patriotismo español. Cuarenta años de ensalzamiento cultural del nacionalismo étnico como «progresista» y de cuestionamiento del patriotismo español como «retrógrado».

Pero hay una tercera simplificación que conviene recordar tras ver las encuestas sobre la intención de voto el próximo 21 de diciembre. Según GAD3 en este periódico, el voto constitucionalista subirá, pero es improbable que pueda gobernar, sobre todo porque la extrema izquierda apoyará a los nacionalistas. Es decir, que los dos bloques tradicionales, nacionalistas y españolistas, se mantienen básicamente estables y la extrema izquierda también repetirá la posición tradicional, la de apoyo a los nacionalismos étnicos. Es el reflejo de una realidad que se resisten a admitir los desconocedores de la fortaleza y la persistencia de las identidades políticas, sean étnicas o ideológicas.

Hay mucha autocrítica que realizar, pero sin olvidar que el dragón también se busca el alimento él solito. Que ha crecido tanto porque hay una sociedad catalana o vasca donde existe una fuerte identidad étnica que permanecerá independientemente de lo que hagan el Estado y los demás. Por eso el nacionalismo es un conflicto permanente. Habrá dragón para mucho tiempo y será muy complicado conseguir que adelgace.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte