ARASH ARJOMANDI - Opinión experto

Einstein, Russell y el gobierno planetario

Según Einstein, «el deseo de paz de la humanidad sólo puede convertirse en realidad mediante la creación de un gobierno mundial».

ARASH ARJOMANDI
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La edición de este año del premio New Shape Prize otorgado por la Fundación Global Challenges de Suecia ha recaído, junto a otros dos trabajos premiados, sobre un modelo diseñado por tres expertos mundiales: Augusto Lopez-Claros, Arthur Dahl y Maja Groff. Se trata de un prestigioso galardón dotado con 1,8 millones de dólares, que premia las ideas innovadoras sobre la gobernanza global.

La genialidad de la propuesta de estos estudiosos es que conforma una utopía realista, porque se erige sobre instituciones y procedimientos ya existentes al tiempo que propone reformas lo suficientemente ambiciosas como para resolver los múltiples problemas del mundo actual.

Los autores proponen enmiendas a la Carta de la ONU para que pueda constituirse en la base legal del nuevo sistema de gobernanza global que proponen, complementado con otras reformas que no requieren cambio alguno en la Carta.

En las áreas clave de seguridad, mantenimiento de la paz y gestión del medio ambiente prevén conferir poderes a la Asamblea General (AG) para legislar con efectos vinculantes sobre todos los Estados miembros. Ello requerirá reformar las actuales competencias de la AG (que serán listadas en la carta enmendada) así como subsanar su déficit democrático cambiando su método de composición y votación.

«Idean la creación de un Consejo Ejecutivo para sustituir al actual Consejo de Seguridad»

Los premiados divisan, sin embargo, una asamblea legislativa mundial bicameral, al proponer crear una Segunda Cámara, cuya autoridad y legitimidad emanaría directamente de la ciudadanía mundial. Se encargará de velar por las cuestiones de interés planetario, y no representará los intereses de los estados.

Idean la creación de un Consejo Ejecutivo para sustituir al actual Consejo de Seguridad. Sus 24 miembros serían elegidos por la AG y operarían bajo su jurisdicción. El principal cometido de este Consejo sería la administración y gestión efectiva de la ONU, para lo cual se habría de eliminar el derecho de veto. Como brazo ejecutivo de la nueva ONU, el Consejo tendría amplia autoridad para supervisar y dirigir su trabajo en materia de seguridad, prevención de conflictos y gestión del medio ambiente mundial.

Este Consejo Ejecutivo (presidido por el Secretario General) se encargaría de garantizar la buena gobernanza, la transparencia, la eficiencia y la coherencia de las Naciones Unidas.

Para solventar la actual ausencia de un mecanismo internacional legítimo y fiable que cumpla y haga cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad, se crearía una Fuerza de Seguridad Internacional de las Naciones Unidas, cuya autoridad dimanaría de la AG por mediación del Consejo Ejecutivo. Esta Fuerza, que estaría compuesta por voluntarios, promovería la paz en todo el mundo. Constituiría, así, un órgano vital para mejorar la credibilidad de la ONU, prevenir conflictos y mantener la seguridad en el planeta.

La Corte Internacional de Justicia sería de acatamiento obligatorio para todos los miembros de la ONU en lo referente a la interpretación y aplicación del derecho internacional. Y garantizaría la obligatoriedad de la solución pacífica de cualquier controversia internacional.

La nueva Carta obligaría a todos los miembros a obedecer los dictámenes de la Corte Penal Internacional (CPI). Y se crearía, además, un Tribunal Internacional de Derechos Humanos para la revisión sistemática y vinculante del respeto a éstos. Con el fin de asegurar que el mandato de una ONU fortalecida no violará los derechos individuales básicos de ninguna persona del mundo, se redactaría una nueva Declaración de Derechos.

Es obvio que esta renovada y potenciada ONU requerirá de una fuerte financiación. Los autores diseñan un instrumento para vincular las contribuciones nacionales al presupuesto de la ONU en una proporción fija de recaudación de impuestos indirectos, similar a los mecanismos que operan actualmente en la UE.

Bertrand Russell sostuvo que «una forma mucho más deseable de garantizar la paz mundial sería mediante un acuerdo voluntario entre las naciones para agrupar sus fuerzas armadas y someterse a una autoridad internacional aceptada»

Por otro lado, la seguridad efectiva del globo requerirá un desarme general. Los galardonados proponen un enfoque vinculante, bien que gradual, para reducir los armamentos a los mínimos necesarios para la seguridad interior de los estados, algo que ya vaticinaron, entre otros, dos grandes genios del siglo XX. Einstein ya tenía claro que «el desarrollo de la tecnología y la interconexión económica ha hecho que los destinos de las naciones sean interdependientes. La única esperanza de protección radica en asegurar la paz de manera supranacional. Se debe crear un gobierno mundial que pueda resolver los conflictos entre las naciones por decisión judicial. Este gobierno debe basarse en una constitución que sea aprobada por los gobiernos y las naciones, y que le otorga a aquél el derecho exclusivo de poseer armas ofensivas. Una persona o una nación sólo puede considerarse amante de la paz si está dispuesta a ceder su fuerza militar a las autoridades internacionales y renunciar a cualquier intento o medio de lograr sus intereses mediante el uso de la fuerza». Según Einstein, «el deseo de paz de la humanidad sólo puede convertirse en realidad mediante la creación de un gobierno mundial».

De igual modo, Bertrand Russell sostuvo que «una forma mucho más deseable de garantizar la paz mundial sería mediante un acuerdo voluntario entre las naciones para agrupar sus fuerzas armadas y someterse a una autoridad internacional aceptada. Una autoridad mundial, para cumplir su función, debe incluir un legislativo y un poder militar ejecutivo poderoso. Todas las naciones tendrían que aceptar reducir las fuerzas armadas nacionales al nivel necesario para la acción policial interna. En un mundo donde las naciones individualmente estuvieran desarmadas, las fuerzas militares de la autoridad mundial no tendrían que ser grandes y no constituirían una carga onerosa para las naciones constituyentes». Para Russell «esto puede parecer, en la actualidad, una perspectiva distante y utópica, pero hay políticos prácticos que piensan lo contrario». Entre tales expertos prácticos están, sin duda, estos tres recientemente galardonados.

Arash Arjomandi es filósofo y profesor de la EUSS (UAB)

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