EDITORIAL ABC

Mil días de reinado ejemplar

En menos de tres años, el Rey Felipe ha acreditado el sentido de la responsabilidad y del patriotismo propios de una institución multisecular al servicio de España

Mil días de reinado ejemplar
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En sus mil primeros días como Jefe del Estado y titular de la Corona, el Rey Felipe VI ha tenido que desenvolverse en una sucesión de circunstancias adversas que ha superado con éxito indiscutible. Hubo de suceder a su padre, el Rey Juan Carlos, en un contexto de polémica y discusión sobre la ejemplaridad de la Corona, y lo afrontó con determinación imponiendo medidas inéditas de transparencia en el funcionamiento de la Casa del Rey. Acertó Felipe VI a la hora de medir la gravedad del caso Nóos, con la doble acusación a su hermana, la Infanta Cristina, y a su cuñado, Iñaki Urdangarín, en un relato de tráficos de influencias, delitos fiscales y enriquecimientos ilícitos. La opinión de una sociedad golpeada por la crisis recibía las noticias de estas implicaciones como una deslealtad inexplicable. Y acertó también cuando situó la distancia adecuada entre la Corona y su hermana, quien, aun siendo absuelta, no colaboró como era de esperar en la preservación del prestigio de su familia y de la institución monárquica. Los reiterados mensajes de confianza de Felipe VI en los tribunales de justicia y en el principio de igualdad, junto a un comportamiento personal intachable, amortiguaron las consecuencias del caso Nóos. En el plano político, el Rey Felipe tuvo que enfrentarse a una crisis sin precedentes de casi un año carente de gobierno y con propuestas al Congreso de los Diputados de candidatos que eran derrotados o que directamente no aceptaban el encargo real.

Nunca fue más cierta la función del Monarca de arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones del Estado como en ese año en que sólo la Corona era a ojos de los ciudadanos la única fuente de estabilidad política no partidista. Mientras los partidos naufragaban en la gestión de sus fracasos y hacían naufragar a España, el Rey mantuvo el guión constitucional y demostró, salvo a los ignorantes a conciencia, el acierto histórico que supuso la Monarquía constitucional para España.

La recuperación de una cierta normalidad, rutinaria incluso, es la mejor noticia para el papel institucional de la Corona, muy condicionado en su proyección cotidiana, sea nacional o internacional, a la agenda que el Gobierno debe diseñar para que sea ejecutada por el Rey. No sería bueno para la Corona un protagonismo basado en la excepcionalidad política como la que vivió España sin gobierno en 2016. Es el Ejecutivo y los partidos políticos a quienes corresponde garantizar el consenso y el funcionamiento ordinario de las instituciones democráticas. En sólo mil días, el Rey Felipe ha acreditado el sentido de la responsabilidad y del patriotismo propios de una institución multisecular al servicio de España.

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