Editorial ABC

La Diada, una coartada destructiva

La Diada se ha convertido en la coartada embrionaria de un movimiento transversal y totalitario de acoso y derribo de la democracia

Ambiente frente a la Casa Batlló de Barcelona con motivo de la celebración de la Diada del 11 de septiembre
Ambiente frente a la Casa Batlló de Barcelona con motivo de la celebración de la Diada del 11 de septiembre - EFE
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Hace ya muchos lustros que la Diada dejó de ser una celebración festiva e institucional para los catalanes. Hasta hace unos años, incluso aquellos catalanes que legítimamente defendieron la tesis de que el encaje de Cataluña en la España autonómica era insuficiente, y que era imprescindible buscar soluciones jurídicas, económicas, culturales y sentimentales para privilegiarla respecto a otras comunidades, mantuvieron un resignado respeto a la legalidad vigente, sin alentar la rebeldía y la desobediencia como soluciones. Sin embargo, la Diada ya no es la fiesta de todos los catalanes, sino de una minoría radicalizada e intransigente, capaz de manejar las emociones de millones de personas hasta obligarlas a ver en el «odio a España» la panacea de todos sus males. En efecto, hace tiempo que la Diada se convirtió en la coartada de un independentismo chantajista y sin complejos para convulsionar las calles con conductas sedicentes. La Diada de hoy es sencillamente una burda manipulación de la historia para señalar con el dedo, amenazar y excluir a esa mitad de catalanes que, como mínimo, se declara abiertamente contraria a la secesión. Por eso resulta lamentable la indolencia con la que el resto de España, y buena parte de nuestras instituciones y del empresariado, han consentido tantos años de acomplejamiento y manipulación, permitiendo que la Diada se haya convertido en un instrumento esencial del secesionismo con el que moldear a capricho a una sociedad capaz de creer que nuestra nación realmente roba y maltrata a los catalanes. Hasta ese punto enfermizo hemos llegado.

Sin embargo, la Diada y su multiplicador efecto para movilizar al separatismo tienen ya otro objetivo añadido, que supera incluso los límites de la grave ambición independentista. Con partidos como ERC, PDECat y la CUP alineados con las tesis del terrorista Arnaldo Otegi, y con Podemos declarándose ferviente defensor de los referendos ilegales como el que Ada Colau pretende ayudar a celebrar, poniendo el Ayuntamiento de Barcelona al servicio de una insumisión, se está fabricando la coartada de un doble golpe a España. Por un lado, el muy grave y ya conocido de la ruptura territorial. Y por otro, un paralelo golpe ideológico contra nuestro sistema democrático que provoque un nuevo proceso constituyente, y una transición hacia lo más oscuro de un comunismo rancio y autoritario. El proyecto sedicioso es alarmante. La suma de complicidades entre quienes pretenden destruir cuarenta años de democracia para convertir a España en una vulgar secuela de la peor Venezuela y quienes quieren desmembrar a la fuerza nuestra nación a cambio de fomentar sentimientos caducos en la era de la globalización tiene el objetivo común de acabar con una nación de siglos. La Diada se ha convertido en la coartada embrionaria de un movimiento transversal y totalitario de acoso y derribo de la democracia, y no es momento de escatimar esfuerzos en su defensa. Por duros que resulten.

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