Ángel Expósito

«Cuanto más se les conoce... más se les quiere»

Carme Chacón ha muerto sola en su casa de Madrid por un problema congénito de corazón. Y yo lo lamento mucho. Porque nos teníamos un aprecio sincero

Ángel Exposito
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Conocí a Carme Chacón en el despacho del presidente de Europa Press. Alfredo Pérez Rubalcaba se encargó de presentar a esa joven promesa del socialismo catalán, formada en Nueva York, Mánchester, Montreal y orgullosa de haber trabajado en El Corte Inglés.

Años más tarde, al mes de que yo ocupara la dirección de ABC... Rodríguez Zapatero la nombra ministra de Defensa. Sorpresa, decisión mediática, simbolismo, postureo... dijeron de todo... pero cumplió.

Sólo 48 horas después de su primer Consejo de Ministros... desayunamos juntos en su despacho del paseo de la Castellana. El mismo despacho en el que ETA bombardeó a Serra y en el que entrevisté a Morenés, Trillo, Bono... y me reuní hace unos días con Cospedal.

«Mira, Carme: yo soy director de ABC y tú eres ministra de Defensa con ZP. Mis lectores son tus subordinados. Tenemos que llevarnos bien». Y cumplió. Y creo que yo cumplí.

Tras aquella primera entrevista, Ernesto Agudo la fotografió en el patio del Ministerio con la cartera y la bandera de España que bajamos desde su despacho. «¿Te puedo pedir un favor? –me dijo–, mándame esta foto. Se la voy a regalar a mi abuela.»

Años después... la foto sigue en esa mesa camilla de casa de la abuela en Olula del Río (Almería).

En ese tiempo, viajé con Carme a Afganistán. En pleno despliegue español en las posiciones avanzadas de Muqur y Sang Atesh. Y escribió una Tercera en ABC con esta frase en el párrafo final referida a los militares: "Cuanto más se les conoce... más se les quiere".

Y deambuló por los despachos de Ferraz y por los del PSC sin encontrar su sitio. Y no cuento lo que pensaba de los últimos tiempos del PSOE, porque incluso con Carme... muerta... quiero mantener su "off the record".

Carme Chacón ha muerto sola en su casa de Madrid por un problema congénito de corazón. Y yo lo lamento mucho. Porque nos teníamos un aprecio sincero. Tan sincero como nuestras discrepancias.

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