El cotilla, la psiquiatra y Trump

El libro contra Trump, «Fuego y furia», podría retitularse «Cotilleo y furia liberal»

Edurne Uriarte
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Trump fue una mala decisión de la derecha estadounidense que la izquierda, los autodenominados liberales, está haciendo buena. A este paso, lo reeligen. Para impedir la llegada al poder de quienes usan con tanta desfachatez moral métodos sucios como el libro del cotilla o los informes ideológicos de la psiquiatra activista. Y ponen en evidencia que no necesitamos en las democracias occidentales a Putin para fabricar lo que siempre existió, manipulaciones y noticias falsas.

«Cotilleo y furia liberal» se podría retitular el «Fuego y furia» de Michael Wolff. El autor ni siquiera niega los datos erróneos y le dan igual las numerosas negaciones por parte de los citados en su libro. Es reincidente y le ha pasado en libros y artículos anteriores, que fantasea, inventa y vende mucho; hasta trece personas negaron las citas de su bestseller anterior, «Burn Rate». Pero su editorial probablemente ganará las demandas correspondientes por aquello de la libertad de expresión. Como ganarían quienes publicaron que Emmanuel Macron era homosexual y tenía una aventura con un periodista, lo que enfureció a Macron y explica seguramente su proyecto de ley para combatir las noticias falsas. Y tantas otras iniciativas que han prosperado últimamente, cuando los objetivos de las mentiras fueron determinados personajes.

En pleno período de denuncia de la postverdad, algunos medios no tienen problema alguno en dar cobertura a un libro de cotilleo sobre la Casa Blanca, fundado en generalizaciones sobre el carácter de un presidente que podrían ser aplicadas a una buena parte de los líderes mundiales. Afirma el cotilla que Trump exige pleitesía de sus colaboradores, que busca la aprobación de los demás, que no lee informes, que le gusta la comida basura y que su mujer es infeliz… Y aún más «terrible», que su hija Ivanka quiere ser la próxima presidenta de Estados Unidos, como Hillary Clinton desde que llegó con Bill a la Casa Blanca. Y casi lo logra, después de haber apoyado a Bill en su lista de amantes y en lo del Despacho Oval con la becaria, sin que ningún libro sobre su supuesta incapacidad mental para gobernar interrumpiera su carrera.

Tampoco recuerdo a una psiquiatra como Bandy Lee persiguiéndola para su internamiento. No consta que los rusos estén detrás de Bandy Lee, por grande que sea la penetración de la extrema izquierda en las Universidades de Estados Unidos donde ella enseña. Al calor del libro de Wolff, Lee acaba de publicar este fin de semana en «The Guardian» y no en una página web de origen sospechoso un artículo que no desmerece de la historia del amante de Macron y donde llega afirmar sobre Trump que «la gran frecuencia de sus tuits refleja un estado mental agitado» («Trump is now dangerous, that makes his mental health a matter of public interest», 7 de enero, 2018). Pero ni esa muestra de ignorancia supina sobre el uso de Twitter por todos los dirigentes del mundo ni la construcción de un diagnóstico ideológico de locura por rechazo a unas ideas han hecho intervenir a su Universidad, Yale, para desmarcarse de este uso político de la psiquiatría. Ni mucho menos, Lee hasta ha publicado un libro con otros psiquiatras izquierdistas para diagnosticar locura a Trump. Y tampoco consta que el libro haya sido financiado por Putin.

El fuego y la furia dentro de la izquierda estadounidense, no sólo dentro de la Casa Blanca, han vuelto a demostrar que en cuestiones de populismo, agitación y propaganda, la izquierda siempre lleva ventaja. Otra cosa es el resultado electoral.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte