EDITORIAL ABC

La Constitución que funciona

La Constitución goza de muy buena salud, siempre que se aplique lealmente, y si hay que reformarla, que no sea para apaciguar a los insaciables nacionalistas, sino para hacer más fuerte al Estado y a la idea de Nación

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Es una paradoja que el debate sobre la reforma de la Constitución se ha hecho más intenso precisamente en la situación histórica en la que la Constitución ha demostrado una fortaleza inédita. La aplicación del artículo 155 puso fin al proceso separatista gracias a una sólida arquitectura legal e institucional que le daba el contexto y el fundamento necesarios. Desde las respuestas unánimes del Tribunal Constitucional hasta la mayoría abrumadora del Senado, pasando por el memorable discurso del Rey Felipe VI el 3 de octubre, el liderazgo de la Fiscalía General del Estado, de la mano del desaparecido José Manuel Maza, la reacción judicial y el consenso entre PP, PSOE y Ciudadanos, todo lo que tenía que funcionar para asegurar la restauración de la Constitución en Cataluña funcionó como debía.

Por eso resulta chocante y hasta inoportuno que sea la reforma constitucional lo que empiece a dominar la agenda política y no una profunda revisión de las causas que han provocado la deslealtad nacionalista en Cataluña. Cuando se dice que la reforma constitucional debe abordar la organización territorial del Estado, sus promotores -principalmente el PSOE- no se plantean que esa revisión ponga coto a crisis separatistas corrigiendo la hipertrofia de la organización autonómica. Al revés, las propuestas que plantea el PSOE se basan en un rearme político y legal de la Generalitat de Cataluña, que haría más costoso un nuevo proceso independentistas unilateral y más compleja una nueva aplicación del artículo 155 de la Constitución. El miedo al nacionalismo sigue presente en la propuesta de reformar la Constitución. También la idea errónea de que el nacionalismo lo que demanda es un cambio constitucional. Estos tópicos han quedado en evidencia tras la aplicación del artículo 155 y la desarticulación de la trama golpista creada en la Generalitat por el nacionalismo. La Constitución goza de muy buena salud, siempre que se aplique lealmente, y si hay que reformarla, que no sea para apaciguar a los insaciables nacionalistas, sino para hacer más fuerte al Estado y a la idea de Nación española, sobre la igualdad y la solidaridad. Ha funcionado bien la Constitución que une, no el separatismo que rompe.

El 39 aniversario de la aprobación de la Constitución no debe marcar el inicio de un revisionismo temerario, ni de buscar atajos con un sistema de financiación para Cataluña similar al vasco. España no tiene porqué cuestionarse su Constitución justo cuando el separatismo ha querido romperla y ha fracasado en su intento. Y, en todo caso, hay que exigir sinceridad en los que hablan de reformarla, no sea que realmente quieran aniquilar el pacto del 78.