Arash Arjomandi

Conocer lo post mortem

El gran golpe de efecto de Eugenio Trías consiste en mostrar que en el caso de la pregunta por el misterio de la muerte, de lo que se trata es de indagar acerca de la vida matricial

Arash Arjomandi
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Este año marca una efeméride de primera magnitud para las letras españolas. Eugenio Trías, para muchos la gran figura, desde Ortega, del pensamiento mundial escrito en nuestra lengua, falleció hace ahora cinco años. Una serie de homenajes, cursos y publicaciones están conmemorando tan irreparable pérdida, al tiempo que contribuyen a difundir esta obra imprescindible para vivir nuestro presente, pues Trías decía que la filosofía tiene que servir para comprender nuestro mundo y, consecuentemente, conferirle sentido.

Aprovechando la Pascua quiero reseñar aquí las ideas más maduras de este gran sabio acerca de la muerte que, curiosamente –y por las razones que enseguida aduciré– expuso en sus libros finales que versan sobre la música (algunos de los cuales siguen apareciendo entre los libros más leídos y vendidos en el difícil ránking de no ficción).

Trías sostiene que a la pregunta por la muerte sólo se puede intentar responder mediante la imaginación creadora, pues ésta “no se limita a reflexionar sobre lo bello, natural o artístico, sino que asume un papel activo y creador”. Además de contemplar la belleza y gozar de ella, esta facultad humana crea las formas simbólicas relativas a las grandes interrogaciones metafísicas; en especial, a las que se preguntan por el fin o final de nuestra existencia. Según nuestro filósofo, los símbolos objetivan los arquetipos en los cuales esas ideas límite acerca de nuestras vidas se encarnan y encuentran vestidura material. Y ello acontece en un ámbito bien concreto: el mundus imaginalis, susceptible de percepción visionaria, tal como se teoriza –sostiene Trías– en la epistemología auroral del iraní Sohravardí, del murciano Ibn Arabí o del francés Henry Corbin.

Ahora bien, la innovación que efectúa Trías en sus últimos libros es la que se ha dado en llamar giro musical. En virtud de tal desplazamiento, sostiene que todos esos autores (incluso los semiólogos de amplio horizonte como Peirce o Umberto Eco) han subsumido esa capacidad a imágenes, donde la impronta visible, visual, es central; y donde el sustento icónico es fundamental.

Empero Trías cree que cuando nos interrogamos por lo que pueda haber allende nuestra muerte, la vertiente visionaria de la imaginación creadora es insuficiente; requerimos del uso sonoro de esta facultad. Esta versión acústica sigue siendo la imaginación creadora de Kant (en su modalidad trascendental; productora de arquetipos o ideas estéticas) o de Sohravardí (en su modalidad gnóstica; perceptora de lo espiritual), sólo que en su inflexión sonora, no visual. Concerniente al misterio post mortem, o a la incógnita postrera, la imagen visual es ineficiente; pero la acústica, no. Veamos cómo lo argumenta.

El gran golpe de efecto de Trías consiste en mostrar que en el caso de la pregunta por el misterio de la muerte, de lo que se trata es de indagar acerca de la vida matricial. ¿Por qué? Debido al célebre razonamiento expuesto por Sócrates en el Fedón; recordémoslo: tras la muerte nuestra conciencia renacerá de nuestro cuerpo sin vida. Pues, una de dos: o bien mi yo nació de un cuerpo inerte (en efecto, al inicio, mi cuerpo no era sino un conjunto de elementos sin vida, del cual surgió mi conciencia); o bien ésta existía antes de que yo estuviera en la matriz materna (o estaba en la matriz, antes de nacer mi cuerpo en ella). En el primer supuesto, mi conciencia puede resurgir de mi cuerpo inanimado, pues ya lo hiciera una primera vez; en el segundo supuesto, mi conciencia puede existir sin mi cuerpo, pues ya lo hiciera antes de mi nacimiento.

Hay, además, para Sócrates, una evidencia que corrobora la creencia de que nuestra conciencia es independiente de nuestro nacimiento corporal. ¿Cuál es esa evidencia? El hecho de que los humanos poseemos ideas innatas (que tras nuestro nacimiento necesitamos para conocer las cosas de este mundo); algo que hoy ya sabe la neurociencia. La existencia de este tipo de ideas tan peculiares, por nativas, y tan decisivas para mi conocimiento del mundo me confirma que hay algo de mí que ya estaba antes de que yo conociera las cosas; por ende, antes de nacer a este mundo.

Y bien, para Trías la música facilita el gnóstico despertar de nuestro sueño de esta vida para darnos cuenta de que tuvimos «una vida anterior, más radical, más intensa». La imaginación musical puede provocar la anamnesis (platónica) acerca de lo anterior a nuestra vida racional, por cuanto:

1) La biología ha descubierto que lo intrauterino o prenatal es eminentemente acústico; mucho más sonoro que visual.

2) La acústica sonora es prelingüística; por tanto, es matricial. El lenguaje no musical no puede proporcionar sentido acerca del misterio finalístico porque la lingüística ha mostrado que el lenguaje verbal requiere de una segunda articulación limitada para poder producir significación. La música no tiene esas restricciones.

3) El logocentrismo es falogocéntico, como ha mostrado la desconstrucción. Justo al contrario de lo acústico no verbal, que es, sostiene Trías, de naturaleza materna.

Afirma, por todo ello, que la música ayuda a entender que la muerte ya la hemos superado: fue el término de nuestra vida intrauterina. Así que podemos suponer que somos inmortales.

Arash Arjomandi es filósofo y profesor de la EUSS (UAB)

@ArashArjoma

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