Editorial ABC

Chantaje intolerable en El Prat

La huelga salvaje que pretenden llevar a cabo los trabajadores encargados de los controles de seguridad del aeropuerto de El Prat constituye un despropósito y un claro abuso

Colas en los controles de seguridad en la terminal 1 de El Prat
Colas en los controles de seguridad en la terminal 1 de El Prat - EFE
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La huelga salvaje que pretenden llevar a cabo los trabajadores encargados de los controles de seguridad del aeropuerto de El Prat constituye un despropósito y un claro abuso, para el que los sindicatos utilizan a miles de viajeros como rehenes con la intención de lograr sus particulares objetivos, sin mostrar la más mínima intención de negociar con la empresa concesionaria (Eulen) ni cumplir las garantías mínimas que requiere una protesta de estas características. A la huelga de celo que ha protagonizado este colectivo en los últimos días -cuyo impacto se ha traducido en retrasos y largas colas para los pasajeros- se suman ahora los paros parciales convocados a partir de hoy, que amenazan con sumir al aeropuerto en el caos si no se cumplen los servicios mínimos, fijados en el 90 por ciento. Y ello sin contar que los trabajadores planean realizar una huelga indefinida a partir del 14 de agosto, cuando el tráfico aéreo alcanza su nivel máximo en el aeropuerto de Barcelona.

La actitud de los sindicatos, ilustrada con las grabaciones de las que hoy se hace eco ABC, es intolerable. En primer lugar, porque, lejos de ser una huelga al uso, se trata de un chantaje lanzado contra la empresa y las autoridades aeroportuarias y que se aprovecha de la indefensión de los viajeros que tienen que transitar por El Prat estos días. En segundo término, porque, además del daño causado a los viajeros, ofrece la peor imagen de Barcelona, una de las ciudades más visitadas de Europa. Y, por último, porque el transporte es un servicio esencial que afecta a derechos básicos, como la libre circulación. Además de exigir el cumplimiento a rajatabla de los servicios mínimos, es hora de que se apruebe una ley de huelga que ponga fin de una vez a estas tropelías sindicales.

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