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EDITORIAL ABC

Bienvenido Antonio Ledezma

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Antonio Ledezma fue detenido en febrero de 2015 y en estos casi tres años nunca ha llegado a ser juzgado ni se le ha permitido defenderse de las absurdas acusaciones que pesan sobre él. Su caso –junto a los de los demás opositores presos– es una demostración evidente de la utilización fraudulenta que la autocracia de Nicolás Maduro hace de la Justicia y las instituciones. Y la reacción del tirano ante la noticia de su huida, con chanzas y recomendaciones chistosas «para que no lo devuelvan», revela además que no solo no es capaz de respetar sus propias decisiones, sino que tampoco acierta a darse cuenta de la tremenda significación y la trascendencia de este gesto, que ridiculiza al régimen bolivariano que encarna.

El exalcalde metropolitano de Caracas no es un delincuente, sino que era un rehén de Maduro que ha escapado de su cautiverio. Como asegura en la entrevista que hoy publica ABC, «soy más útil para la libertad en España que en Venezuela». El Gobierno de Rajoy nunca ha dudado en el compromiso con la democracia en su país y ha acogido con buen criterio a Ledezma, que ha de saber que en España tendrá siempre una segunda patria. Recibirlo no es, como ha dicho el ministro de Exteriores venezolano –yerno del difunto Hugo Chávez– una «agresión» contra Venezuela, sino todo lo contrario. Es un gesto de amistad hacia un país que atraviesa por un periodo extraordinariamente grave que ya no debiera durar mucho más.

El tiempo de Maduro y sus estrambóticas políticas tiene que llegar a su fin. El desbarajuste económico y el drama social no da más de sí y la quiebra final del régimen debe estar próxima. El colapso de uno de los países potencialmente más ricos del mundo es inminente. Antonio Ledezma ha de ser una pieza clave en el futuro.