Berlín, capital de Cataluña

No puede haber generosidad con los supremacistas

José María Carrascal
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Que lo primero que hizo Quim Torra tras ser elegido president de Cataluña fuera ir a Berlín a rendir pleitesía a Carles Puigdemont es la mejor muestra del vergonzoso montaje que los secesionistas catalanes están escenificando para burlar la ley y reírse no sólo de España, sino también de Europa, empezando por Alemania. Pues la que quiere ser líder de una Europa unida y democrática está dando un ejemplo pésimo de democracia y de unidad. Si la actuación de sus jueces, ignorando el golpe de Estado del nacionalismo catalán y negando la extradición del principal golpista, fue penosa, la pasividad de sus autoridades ante la actividad política del mismo en Berlín es indigna de un Gobierno que se dice amigo y democrático. Pues Puigdemont no es un exilado político. Es un fugitivo de la Justicia española, que lo acusa de delitos tan graves como secesionismo y malversación de fondos públicos. Lo menos que podrían hacer, si no acceden a la extradición, es impedirle seguir maquinando contra España, como si en Alemania gobernasen ya los neonazis. O nadie.

Volviendo a España, nos encontramos con el primer efecto boomerang del fenómeno Torra: la aproximación de los partidos constitucionalistas, que hasta ahora no hacían más que pelearse. Rajoy se ha reunido con Sánchez, y lo hará hoy con Rivera, para coordinar la estrategia contra el que, desde la Generalitat, piensa desarrollar una clara, firme, persistente política antiespañola. Tras su discurso de investidura y lo que hemos sabido de su oscuro pensamiento, ya no hay excusas: Torra no sólo quiere separarse de España. Odia a España y a los españoles y, por tanto, no puede concedérsele el menor crédito ni la menor oportunidad. O sea, Rajoy puede olvidar sus ofertas de diálogo con él, que, aparte de no llevar a ningún sitio, le hacen quedar muy mal. Cada vez que las hace, el PP pierde diez mil votos. Y, más grave: el soberanismo catalán los gana, pues las masas se van siempre con los que creen ganadores.

A Torra sólo puede ganarle la unión de los constitucionalistas contra la mentira y trapicheo nacionalista. Sin complejos. Vigilando cada paso que dé y cada euro que gasta. Mucho cuidado al devolverle funciones que no le pertenecen y listos a aplicar de nuevo el 155 a la menor infracción. ¿Lograrán Rajoy, Sánchez y Rivera ponerse de acuerdo? Visto lo ocurrido, lo dudo. Sólo si miran más allá de las elecciones para ver España, lo conseguirán. Pero las diferencias entre Rivera y los otros dos sobre el 155 se mantienen, una mala señal. No puede haber generosidad con los supremacistas ni contemplaciones con quienes violan la ley. Pero la ley se defiende respetándola, no ignorándola. Eso sí, sin olvidar que planear un delito también es delito en grado de tentativa. Torra ha anunciado que su objetivo es crear la república catalana basada en el referéndum ilegal del 1 de octubre. En el momento que firme un decreto en ese sentido, estará delinquiendo. ¿O es lo que busca, el choque de trenes, al no quedarles otra salida?

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