Ni Almunia ni Solana ni Borrell

«Con la doctrina Sánchez, tres brillantes socialistas no hubieran ocupado cargos en la UE»

Mayte Alcaraz
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No sé si Luis de Guindos es el mejor candidato que tenía España para el BCE. Ni siquiera sé si ese cargo es a lo máximo que puede aspirar la cuarta nación europea, a la sazón una de las que peor lo pasaron en la crisis y que, venturosamente, más sólida recuperación encara. Me pregunto si no es un premio de consolación, tras el batacazo que el propio ministro de Economía se dio en julio de 2014 al perder la presidencia del Eurogrupo. No lo sé. Pero me malicio que seguimos cortitos de trabajo internacional, de diplomacia de alto nivel y de eficiente venta de la marca España. Hemos pasado del ubicuo Margallo a la incomparecencia infinita de Dastis.

Pero dicho esto, una nación robusta y segura de sí misma debe ir a por todas cuando presenta una candidatura internacional. España no deja de ser una gran empresa que nos concierne a todos y como tal, imaginen a los ejecutivos de Inditex peleando públicamente cuando sacan un abrigo al mercado. Visualicen a su jefe de producto vendiendo que el terno de piel de camello, estrella de su temporada de invierno, es el mejor para combatir el frío, mientras el responsable de marketing convoca una rueda de prensa para denunciar que la prenda no tiene tirón, que la prefiere de mutón. Pues eso exactamente es lo que está haciendo Pedro Sánchez: pegarle bofetadas a Rajoy en la cara de la buena imagen de España. Como De Guindos es varón ha dicho que prefiere en el BCE a una mujer. Y técnica. Si Rajoy hubiera nominado a una experta en finanzas europeas el líder socialista hubiera reclamado mayor perfil político y quién sabe si hasta tachado al presidente de oportunista por optar por una mujer sin currículum institucional (no sé por qué, pero acaba de venirme a la memoria Bibiana Aído). Ya saben, dime de qué se trata que me opongo.

Al líder socialista, al que faltan algunas lecturas y la experiencia de ganar algo, aunque sea la presidencia de su comunidad de vecinos —feliz hallazgo que Joaquín Leguina le dedicaba a Alberto Ruiz-Gallardón— tampoco le vendría mal repasar la historia de su partido, que durante 22 años se confunde con la de España. En 2005, el presidente Zapatero (y con él, España), contaba con tres embajadores de alto nivel: Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos; Javier Solana, alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común (y ex secretario general de la OTAN), y José Borrell, presidente del Parlamento Europeo. ¿Qué hubiera dicho Zapatero si el líder de la oposición, Mariano Rajoy, hubiera ido de «guay» menospreciando a los tres exministros para reivindicar españolas en tan altos puestos?

No creo que Sánchez tenga más acreditada la lucha por la igualdad de la mujer que servidora a lo largo de toda su vida. Eso me permite decirle con tranquilidad que a las mujeres se nos defiende creando un marco de igualdad no ensuciando la imagen de España.

Mayte AlcarazMayte AlcarazArticulista de OpiniónMayte Alcaraz